CATALINA,
Te prometí algunos versos
para colgar como cortinas azules
en un día sin viento,
no soy más que un trovador rengo,
un Homero de este siglo,
y tú eres una luciernaga de oro,
iluminando las breves tristezas
de mi corazón,
mis versos tienen sonido de maderas
húmedas,
porque no puedo cantar tan claro
como tus ojos,
porque mis versos son oscuros,
y solo a veces y si a ti te cantan
se tornan luminosos,
porque a ti deben su hondo
latido terrenal,
su sonoridad de campanas;
Te debía estos versos,
aunque sea pagar con moneditas
tu propiedad virtuosa;
Aquí te los dejo,
prendidos con sutiles pinzas de amor,
de amor sin roces,
que te respalda a tientas y a ciegas,
y ten presente que lea quien los lea,
y aunque tú no lo hagas,
estos versos son para ti,
aunque tú ya eres poesia que camina.