BRISI
Poeta asiduo al portal
¿Saben que creo?
Que el karma que me persigue durante tantos años me alcanzó y esta disfrutando mi derrota.
Les explico:
Crecí aferrada al amor que me profesaron mis progenitores pero rodeada del odio y maldiciones que vociferaban mis hermanos de sangre y parte de ambas familias (paterna y materna).
Por momentos me hacían sentir que era el anticristo y que mi llegada al mundo arruinó la vida de todos, pero cuando necesitaban un favor de mi parte, el que sea, entonces me convertía en el ángel servil que Dios puso en la tierra para solucionar problemas fabricados por ellos.
Así crecí, con ese desamor, con esas puñaladas invisibles, con el camino marcado por la negatividad de unos cuantos.
El amor de mis padres fue la cura de cada herida, mi cúpula de protección, por ellos mi visión era positiva y todos mis logros valían la pena. Pero un día se fueron, tomaron un camino y no pude seguirles, me derrumbó perderlos y mi andar se hizo cada vez más pesado.
Seguí viviendo, respirando a medias, todo lo hice a medias pues mi yo entera se dividía en mis padres y mis hijos.
Pensar en la ausencia de mis padres me hizo escribir y cumplir algún que otro sueño y así logré evadir algunas de las maldiciones que me perseguían como flechas.
Busque el amor de pareja, créanme, lo di todo, y aquí es donde el karma me alcanza.
Hoy, mi día se desarrolla mirando una pared donde proyecto las imágenes de mi pasado, lo único que me queda de todo lo que di es la sensación, la emoción de lograr hacer feliz a otro.
Pero eso fue ayer, y mi hoy esta vacío, seco, innecesario.
Mi hoy esta derrotado, mi karma es triunfante, le di la razón, soy de su propiedad.
No más textos,
no más poemas,
no más sonrisas,
no más de mí.
En mi despedida sólo tengo dos deseos: que no critiquen mi catarsis
y que alguien se ponga feliz con mi ausencia.
Que el karma que me persigue durante tantos años me alcanzó y esta disfrutando mi derrota.
Les explico:
Crecí aferrada al amor que me profesaron mis progenitores pero rodeada del odio y maldiciones que vociferaban mis hermanos de sangre y parte de ambas familias (paterna y materna).
Por momentos me hacían sentir que era el anticristo y que mi llegada al mundo arruinó la vida de todos, pero cuando necesitaban un favor de mi parte, el que sea, entonces me convertía en el ángel servil que Dios puso en la tierra para solucionar problemas fabricados por ellos.
Así crecí, con ese desamor, con esas puñaladas invisibles, con el camino marcado por la negatividad de unos cuantos.
El amor de mis padres fue la cura de cada herida, mi cúpula de protección, por ellos mi visión era positiva y todos mis logros valían la pena. Pero un día se fueron, tomaron un camino y no pude seguirles, me derrumbó perderlos y mi andar se hizo cada vez más pesado.
Seguí viviendo, respirando a medias, todo lo hice a medias pues mi yo entera se dividía en mis padres y mis hijos.
Pensar en la ausencia de mis padres me hizo escribir y cumplir algún que otro sueño y así logré evadir algunas de las maldiciones que me perseguían como flechas.
Busque el amor de pareja, créanme, lo di todo, y aquí es donde el karma me alcanza.
Hoy, mi día se desarrolla mirando una pared donde proyecto las imágenes de mi pasado, lo único que me queda de todo lo que di es la sensación, la emoción de lograr hacer feliz a otro.
Pero eso fue ayer, y mi hoy esta vacío, seco, innecesario.
Mi hoy esta derrotado, mi karma es triunfante, le di la razón, soy de su propiedad.
No más textos,
no más poemas,
no más sonrisas,
no más de mí.
En mi despedida sólo tengo dos deseos: que no critiquen mi catarsis
y que alguien se ponga feliz con mi ausencia.
BRISI (S.A.C.P.)
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