Ladime Volcán
Poeta que considera el portal su segunda casa
I
Temprana llega la semblanza
del amor arrepentido,
a los sentidos de una dama
que su virginidad ha perdido,
cuando en la alfombra yace su falda
y su corazón le ha mentido
II
Si pudiera yo juntar tu corazón con el mío,
de una radiación nuclear, sería el mundo testigo.
Si me pudiera yo adueñar de los besos que da tu boca,
El tiempo lo mediría con un reloj que tenga las agujas rotas.
Si tan sólo me miraras con esos ojazos negros
-como quien mira la luna
pidiéndole algún deseo-
te juro, que aún no siendo genio de cuna,
satisfaría tu anhelo
III
Ignórame si es que quieres.
Olvídame si es que puedes.
Pero te pido no te empeñes,
en dar más de lo que tienes.
IV
Como mariposa vuela el amor
posándose de rosa en rosa;
mas como caléndula nos cura el ardor,
cuando el sentimiento reposa
A veces, necias son las manos del amor,
pero más necias son las del que lo acosa
V
Sentirse mujer, por primera vez
es sentir un fuego invertido,
que azuza desde la espera al querer,
para apagarse en los predios del olvido
VI
Hace tiempo que me muero
por tener algo contigo
Pero corro cuando te veo,
y me alejo porque no confío
VII
No comprendes que con tu miedo me robas la energía ¡me destrozas!
Que mi vida te llevas lentamente, y me dejas sin sentir,
que te amo como la fuerza más ardiente y poderosa,
y que por amarte tanto, aún sabiendo que me matas, no puedo huir
VIII
Presta vengo a recostarme
sobre las alas de tu silencio
y es la espera tan angustiante
que o me sentencias o te sentencio
Yo corrí por no mojarme
con las lágrimas de tu olvido,
y en la carrera aprendí a aferrarme
a la fuerza con que escribo
Tú me dices: ¡tira piedras!
Yo ¡mentiroso! te digo;
¿Será que ya éste toma y dame,
acabó con nuestro idilio?
IX
Siempre, al aislarte
me segregas a una isla,
tan distante, y tan flotante
como lo son tus marismas
Siempre, al segregarme-ignorante-
a la huída me resignas
X
En un día la muerte.
En un día la vida.
En un día de suerte,
dejaré ésta porfía,
de vivir para amarte
y mojarte en la sequía
XI
Muerde el polvo la inocencia
de ser y permanecer,
mientras la miserable indolencia
-ante su agonía- piensa que nada se debe hacer
Llueve el polvo de los celos.
Llueven la reina y el rey.
Llueven hasta los camellos,
-que ni siquiera saben lo que es llover-
No entiendo-y presiento que ya es tarde para ello-
¿cómo es que me puedes querer?...
Si a un lado-es tú reflejo-siempre me vas a hacer.
Ya cansada de perderme en las jugadas,
quizá sea hora de rendirme ante este jaque mate al rey
Así al menos un rescoldo de la nada,
-comúnmente afligido- sienta ganas de volver
XII
Perdóname si esquivo la mirada.
Perdona si me aprieto el corazón.
La vida que me diste dejo marcas,
imposibles de borrar por el dolor
No temas no procuro, ni buscaré hacerte daño;
tú estabas en el pasado hasta que apareciste hoy,
Tarde-más que tarde-porque después de tantos años
al fin me siento a gusto tal cual soy
XIII
Tocaste mi vida
Y secaste mi llanto,
para abrir otra herida,
prestidigitador de quebrantos
Eres voceador de mentiras,
y sin ser un rey Midas
-al tocarme-el encanto se esfumó tras marquesinas;
y de tu labio sagrado, al que yo me rendía,
despuntó-con argucia blanquecina-
la oración-que de espanto-
me envenenó la globulina
XIV
Temo al amor que se esconde en las rendijas,
ese que argumenta pocas cosa de su vida
Ese que sueña en la cresta de la ola arrepentida,
que nace grande y se desmaya, mucho antes de alcanzar la orilla
Temprana llega la semblanza
del amor arrepentido,
a los sentidos de una dama
que su virginidad ha perdido,
cuando en la alfombra yace su falda
y su corazón le ha mentido
II
Si pudiera yo juntar tu corazón con el mío,
de una radiación nuclear, sería el mundo testigo.
Si me pudiera yo adueñar de los besos que da tu boca,
El tiempo lo mediría con un reloj que tenga las agujas rotas.
Si tan sólo me miraras con esos ojazos negros
-como quien mira la luna
pidiéndole algún deseo-
te juro, que aún no siendo genio de cuna,
satisfaría tu anhelo
III
Ignórame si es que quieres.
Olvídame si es que puedes.
Pero te pido no te empeñes,
en dar más de lo que tienes.
IV
Como mariposa vuela el amor
posándose de rosa en rosa;
mas como caléndula nos cura el ardor,
cuando el sentimiento reposa
A veces, necias son las manos del amor,
pero más necias son las del que lo acosa
V
Sentirse mujer, por primera vez
es sentir un fuego invertido,
que azuza desde la espera al querer,
para apagarse en los predios del olvido
VI
Hace tiempo que me muero
por tener algo contigo
Pero corro cuando te veo,
y me alejo porque no confío
VII
No comprendes que con tu miedo me robas la energía ¡me destrozas!
Que mi vida te llevas lentamente, y me dejas sin sentir,
que te amo como la fuerza más ardiente y poderosa,
y que por amarte tanto, aún sabiendo que me matas, no puedo huir
VIII
Presta vengo a recostarme
sobre las alas de tu silencio
y es la espera tan angustiante
que o me sentencias o te sentencio
Yo corrí por no mojarme
con las lágrimas de tu olvido,
y en la carrera aprendí a aferrarme
a la fuerza con que escribo
Tú me dices: ¡tira piedras!
Yo ¡mentiroso! te digo;
¿Será que ya éste toma y dame,
acabó con nuestro idilio?
IX
Siempre, al aislarte
me segregas a una isla,
tan distante, y tan flotante
como lo son tus marismas
Siempre, al segregarme-ignorante-
a la huída me resignas
X
En un día la muerte.
En un día la vida.
En un día de suerte,
dejaré ésta porfía,
de vivir para amarte
y mojarte en la sequía
XI
Muerde el polvo la inocencia
de ser y permanecer,
mientras la miserable indolencia
-ante su agonía- piensa que nada se debe hacer
Llueve el polvo de los celos.
Llueven la reina y el rey.
Llueven hasta los camellos,
-que ni siquiera saben lo que es llover-
No entiendo-y presiento que ya es tarde para ello-
¿cómo es que me puedes querer?...
Si a un lado-es tú reflejo-siempre me vas a hacer.
Ya cansada de perderme en las jugadas,
quizá sea hora de rendirme ante este jaque mate al rey
Así al menos un rescoldo de la nada,
-comúnmente afligido- sienta ganas de volver
XII
Perdóname si esquivo la mirada.
Perdona si me aprieto el corazón.
La vida que me diste dejo marcas,
imposibles de borrar por el dolor
No temas no procuro, ni buscaré hacerte daño;
tú estabas en el pasado hasta que apareciste hoy,
Tarde-más que tarde-porque después de tantos años
al fin me siento a gusto tal cual soy
XIII
Tocaste mi vida
Y secaste mi llanto,
para abrir otra herida,
prestidigitador de quebrantos
Eres voceador de mentiras,
y sin ser un rey Midas
-al tocarme-el encanto se esfumó tras marquesinas;
y de tu labio sagrado, al que yo me rendía,
despuntó-con argucia blanquecina-
la oración-que de espanto-
me envenenó la globulina
XIV
Temo al amor que se esconde en las rendijas,
ese que argumenta pocas cosa de su vida
Ese que sueña en la cresta de la ola arrepentida,
que nace grande y se desmaya, mucho antes de alcanzar la orilla
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