darwinsin
Poeta que considera el portal su segunda casa
Escribiré un verso en la ráfaga
de una exhalación ulterior al ocaso.
Con tu caminar ondeante
y moderno,
rocías feromonas
como un ambientador de fresa.
Ser ontogénico de tu corazón,
un feto incuba un suplicio,
un quejido,
un latido.
Me atas la aorta con una hebra
de tu rizada cabellera.
Detienes la hemorragia
de mis lamentos.
En el quirófano de las angustias operas
con el bisturí de la ternura,
limpias la herida que me dejó tu ausencia,
cauterizas con el gélido instrumento
de tu olvido.
En coma queda un punto final,
quizás te ofendan mis palabras
sin signos de puntuación,
pero estoy feneciendo
en el austro del país de lo absurdo.
Herrumbre que desgasta el tiempo,
los segundos carcomen
como polillas la madera
que pisa tu sombra.
Caes al abisal del Erebo,
en donde caminan fantasmas ultrajados,
perpetrados,
calcinados como colilla incompleta
de un cigarrillo siniestro.
Degüellas ilusiones,
un ácido crea una úlcera icorosa
al extrañarte.
Amebas se prenden en mi ánima rota,
en mi visceral tristeza.
Respirando canciones mi mente vuela
como ave de hielo,
como una gota que se dispersa
en tu regazo.
Este será el último verso que escribo
en la exhalación ulterior al ocaso.