Cavilaciones desde la hamaca.

José Lucena

Poeta que considera el portal su segunda casa
Ya morí como llorón de oficio.
Mis cenizas fueron echadas a los perros
como ración nocturna.
Ya morí como humano.
Viví 87 años y nunca me detuve
a querer rozar el labio
de un crepúsculo
o a recoger la miel de los ocasos
que se escurrían en los cabellos
de los cerros.
Ya morí como músico.
La mandolina nunca fue tocada
por falta de fuerzas en los dedos
y en el alma.
Ya morí.
Murió el niño sorbedor de mocos…
Ya morí como “TODO”:
iluso, cabrero, limador de quimeras…
Pero un poco más allá
y casi rozando la muerte definitiva,
soy quien crea submundos
mientras la sociedad se pudre
en sus fetiches y miserias.
 

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