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Cegadas en absolución (Víctimas de las Lavanderías de la Magdalena)

nacimientoestelar

Poeta recién llegado
Cegadas en absolución
sobre las víctimas de las
Lavanderías de la Magdalena.

Son flores aferradas
con un listón emergente
desde sus tobillos anémicos.
Encadenadas a flotar
hasta techos de cristal
mientras sus pétalos se estrellan
como platos rebosantes en el suelo.
Es todo abundancia y desperdicio,
sacrificio y arrebatos de lo que
ya no tenemos.
Viene el suplicio hacia nosotras
en blanco y negro,
en velos y cinturones de cuero.
Nos guía enmudecidas por el camino,
entramos y sólo seguimos entrando
a las vísceras de un cielo prometido.
Somos dignas de ser recibidas,
así que abran las puertas.
Ahora que nos faltan las manos
y el cuello nos fue robado,
ahora que el sol nos ciega,
recíbanos con lo que merecemos.
Llévenos lejos
de los mares de algodón
donde el agua es nuestra sábana
y la sal el remedio para nuestras heridas.
No digan que aún nos faltan
caminos que recorrer
para volver a un hogar
que nos abandonó por placer,
que hay más poemas que recitar
sobre los que nos apuñalaron ayer.
Porque la divinidad no alcanza
a tocar tu cabeza
ya que decidiste aferrarla
a los huesos de tu cadera.
Y no somos flores en un jarrón
y vos no sos un hombre de Dios.​

Magdalene-Laundries-007.jpg
 
Cegadas en absolución
sobre las víctimas de las
Lavanderías de la Magdalena.

Son flores aferradas
con un listón emergente
desde sus tobillos anémicos.
Encadenadas a flotar
hasta techos de cristal
mientras sus pétalos se estrellan
como platos rebosantes en el suelo.
Es todo abundancia y desperdicio,
sacrificio y arrebatos de lo que
ya no tenemos.
Viene el suplicio hacia nosotras
en blanco y negro,
en velos y cinturones de cuero.
Nos guía enmudecidas por el camino,
entramos y sólo seguimos entrando
a las vísceras de un cielo prometido.
Somos dignas de ser recibidas,
así que abran las puertas.
Ahora que nos faltan las manos
y el cuello nos fue robado,
ahora que el sol nos ciega,
recíbanos con lo que merecemos.
Llévenos lejos
de los mares de algodón
donde el agua es nuestra sábana
y la sal el remedio para nuestras heridas.
No digan que aún nos faltan
caminos que recorrer
para volver a un hogar
que nos abandonó por placer,
que hay más poemas que recitar
sobre los que nos apuñalaron ayer.
Porque la divinidad no alcanza
a tocar tu cabeza
ya que decidiste aferrarla
a los huesos de tu cadera.
Y no somos flores en un jarrón
y vos no sos un hombre de Dios.​

Magdalene-Laundries-007.jpg
Tuve que buscar el tema y no se puede creer tantos años de oscuridad.
Un saludo.
 
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