Azul de Prusia
Poeta recién llegado
Celeste es el rubor en sed
(misterio gris)
el amor tiene de dos a tres miradas por cada beso
Desde tu más íntimo rubor piensas ya,
silenciosa,
que vivo siempre del cielo para abajo,
que la vida me pende azul desde el zapato,
que no me visto,
que llevo siempre la trascendencia despeinada,
que ando mal, que cojeo,
que no sé soñar,
que nada puede crecer en mi candor
sin abrazar la nada,
que no hay imperio en mi rubor,
tan solo una mirada desganada.
Desde tu más íntimo silencio piensas ya,
ruborosa,
que vago en el tiempo del reloj,
que escribo porque no tengo Dios,
que Dios no se equivoca porque me tiene a mí,
que el rubor nunca se aloca porque se tiene en sí.
Todo paras pensando desde el rubor en sed,
maravillosa,
y yo me rebelo prepotente y malcriado a tu merced,
me pongo en el rojo mismo de tu magnífico hado,
levanto el dedo y a pesar que mi candor se alce a medio cielo,
yo te digo completamente enamorado:
tan solo a tu rubor, ¡oh magnífico!, yo espero,
tan solo tu decir, ¡oh rubor!, yo escucho,
tan solo tu pavor, ¡oh decir!, yo vivo,
tan solo en tu candor, ¡oh morir! yo creo.
Porque mi canto no será nunca el tuyo,
pero ya es tu hado,
porque mi creer no será nunca el tuyo,
pero ya es tu duda escrita,
porque mi Dios enamorado no será nunca el tuyo,
que en mi mirar sin su querer marchita,
porque sé ya que después de esta vida
brillarás gris en el azar únicamente para mí,
¡oh magnífico pavor el tuyo!,
¡mas tengo ahora mismo, suspendido en el vacío, en yugo,
el color de tu rubor en mí!
escucha, escucha ahora el secreto silencioso
detrás de tu candor maravilloso:
odia mi cantar como yo me sé
y encontrarás tan solo
la perfecta ausencia de tu Dios sin su merced,
odia ahora fuertemente a tu Dios,
pero conmigo y desde mí,
y encontrarás el camino recorrido de tu Dios en ti,
pero nunca a él,
encontrarás tan solo su cruz,
verás el borde del sombrero de oro, la varita y el conejo,
pero no verás nunca el abismo de su dolor perplejo,
ni sus Marías arrojadas a la luz,
nunca verás a la Rosa esplendorosa,
dando de beber a su único color desde su herida viva,
nunca verás el vuelo de su paloma ida,
nunca el momento del viento gris
que tropieza en tu espina por segunda vez,
para crear este mundo completamente en su revés,
odia finalmente a los tres en ti al mismo tiempo, corazón en llamas:
a mí, a mi canto, al puro abyecto, al misterio enamorado que te llama,
luego odia silenciosa - ¡escucha oh magnífico rubor! - desde tu hado,
finalmente odia pobre,
sin objeto,
sin pasión,
¡sin rubor esta vez!
sin marea,
para que el magnífico rojo de aquel rubor tuyo
se libere completamente de tu rostro
y vea el odio en su revés, en su íntimo capullo,
para que el amor sea,
así encontrarás la presencia de mi Dios en el maíz,
aquel Dios que reposa en la ausencia exacta del tuyo predilecto,
en su raíz,
aquel Dios enamorado que está ya electo completamente en ella,
dormido y gris
en el exacto revés de este canto,
en el pavor, en el exacto revés del odio,
en el encanto,
en tu rubor de estrella,
porque tan solo en tu candor, ¡oh morir! yo creo,
tan solo tu decir, ¡oh sentir!, yo escucho,
tan solo tu pavor, ¡oh decir!, yo vivo,
tan solo tu rubor, ¡oh magnífico!, yo espero.
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