Rey de la Patagonia
Poeta adicto al portal
En mi hombro izquierdo porto un cuervo,
negro, brillante y orgulloso,
el me habla al oído,
cuando me inunda el silencio.
Me dice que estas con otro,
me dice que de mi ya no te acuerdas,
que es por eso tu tardanza,
que es por eso el frio de tu cuerpo.
Que me tratas con desdén,
que cierras tus oídos,
y solo asientes con la cabeza sin entender,
que tu boca miente,
y que tu mirada huye de la mía,
como las palomas en las plazas,
cuando te miro de frente.
En mi hombro siempre,
y me habla cuando te vas,
o estás por llegar,
de tu tardanza me grita,
de tu tardanza,
que algo corre bajo tu piel,
algo que yo no puedo ver.
Que estas pendiente de otras voces,
que no son las mías,
y que sueñas con manos ajenas,
algo va debajo de tu piel,
y que yo no puedo ver,
un tal no se que,
un tal no se cuanto,
voces ajenas,
voces de otro,
¡voces de otro¡
grita el cuervo ,
negro brillante y orgulloso.
Cuando cruzas la puerta y apenas me ves,
cuando tengo que conformarme,
con un movimiento de tus cejas,
y mis ojos quieren ver,
lo que corre debajo de tu piel,
y boca es un cuchillo,
y mis palabras un martillo,
soy un niño a tus pies,
uno maldito, pero, niño,
con lagrimas de niño,
con miedo de niño.
Con un cuervo en el hombro,
que me habla al oído,
negro, brillante y orgulloso,
que no me deja ver,
y que me dice que algo corre bajo tu piel.
negro, brillante y orgulloso,
el me habla al oído,
cuando me inunda el silencio.
Me dice que estas con otro,
me dice que de mi ya no te acuerdas,
que es por eso tu tardanza,
que es por eso el frio de tu cuerpo.
Que me tratas con desdén,
que cierras tus oídos,
y solo asientes con la cabeza sin entender,
que tu boca miente,
y que tu mirada huye de la mía,
como las palomas en las plazas,
cuando te miro de frente.
En mi hombro siempre,
y me habla cuando te vas,
o estás por llegar,
de tu tardanza me grita,
de tu tardanza,
que algo corre bajo tu piel,
algo que yo no puedo ver.
Que estas pendiente de otras voces,
que no son las mías,
y que sueñas con manos ajenas,
algo va debajo de tu piel,
y que yo no puedo ver,
un tal no se que,
un tal no se cuanto,
voces ajenas,
voces de otro,
¡voces de otro¡
grita el cuervo ,
negro brillante y orgulloso.
Cuando cruzas la puerta y apenas me ves,
cuando tengo que conformarme,
con un movimiento de tus cejas,
y mis ojos quieren ver,
lo que corre debajo de tu piel,
y boca es un cuchillo,
y mis palabras un martillo,
soy un niño a tus pies,
uno maldito, pero, niño,
con lagrimas de niño,
con miedo de niño.
Con un cuervo en el hombro,
que me habla al oído,
negro, brillante y orgulloso,
que no me deja ver,
y que me dice que algo corre bajo tu piel.