abcd
Poeta adicto al portal
Celosía VII
El árbol come, tritura a la abeja
y escupe flores muy amarillas.
Se duele del track de sus hijos secos
y sabe de memoria porque su savia
cae sin dolor, cae y cae casi sin recuerdos.
El pájaro cambia de pájara,
porque esta aturdido y sus alas tienen frío.
Alguien canta y se sienta a silbar con el cuerpo.
El nido cae, el nido es como esa respuesta que no tiene pregunta
El hombre lo toma,
todo hombre es un nido, sin mas.
Las hormigas son planetas,
las arañas arman galaxias,
el gato juega con todo
y las plumas que eran la herida de la celosía anterior
cubren el nido, el hormiguero,
la tela de la araña que atrapo al ratón.
Serán los dolores,
la tibieza que recibe el árbol del humano.
El hombre siempre llora despacio,
para no despertar la siesta del indiferente,
tiene la garganta rosada
y una rama muy verde como los ojos de ella
incrustada en el corazón.
Celosía VIII
Si mirar profundo le da más agua al río,
entonces cerraré los ojos,
porque necesito aclarar los miedos.
Si el río es profundo como piernas al vacío
entonces juntaré las heridas en una piedra.
Es tan fácil, muy fácil.
Se ve que todos aprenden a seguir a todos,
y todos duermen, cuando los demás duermen,
se cansan y están todos cansados,
subes a un avión y todo el mundo sube,
o bajas una escalera, y ves que todos la bajan.
Otra vez el árbol, postal de un espejo enfermo,
se están muriendo las nubes en su corona
y nadie viene a saludarlo.
Porque todo tiene un orden,
cada verso es un universo
y yo, y esta herida de mirar todo por no tocarlo
somos efímeros e intercambiables.
Celosía IX
Vamos a ganar tiempo,
para enfermar la mente de poesía y de sombras.
Vamos a alimentar la distancia
que ya nos tocamos por dentro.
Abracemos en otros la herida que nos vuelve hermosos
y dejemos que la lágrima sea objeto de burla
para otro futuro,
total ya rompimos la llave que mantenía el fuego.
Tu vuelves a mi, huyéndote,
yo me alejo de la reja,
y vuelvo a ti,
con vergüenza,
con el ego entre las piernas
y las balas y las palabras también.
Amanece, todos los días amanece,
y aunque cuesta respirar, se respira bien.
Vivir entre tantos paréntesis
hace la vida difícil de explicar.
Ahí, encima de los secretos y de la ropa sucia,
están tus sonrisas, tus párpados húmedos,
el aire de tu risa que todo lo perfumaba.
Ahí esta eso que escondía bajo la cama,
mi orgullo, mis ganas de abrir la puerta y salir a jugar.
El árbol come, tritura a la abeja
y escupe flores muy amarillas.
Se duele del track de sus hijos secos
y sabe de memoria porque su savia
cae sin dolor, cae y cae casi sin recuerdos.
El pájaro cambia de pájara,
porque esta aturdido y sus alas tienen frío.
Alguien canta y se sienta a silbar con el cuerpo.
El nido cae, el nido es como esa respuesta que no tiene pregunta
El hombre lo toma,
todo hombre es un nido, sin mas.
Las hormigas son planetas,
las arañas arman galaxias,
el gato juega con todo
y las plumas que eran la herida de la celosía anterior
cubren el nido, el hormiguero,
la tela de la araña que atrapo al ratón.
Serán los dolores,
la tibieza que recibe el árbol del humano.
El hombre siempre llora despacio,
para no despertar la siesta del indiferente,
tiene la garganta rosada
y una rama muy verde como los ojos de ella
incrustada en el corazón.
Celosía VIII
Si mirar profundo le da más agua al río,
entonces cerraré los ojos,
porque necesito aclarar los miedos.
Si el río es profundo como piernas al vacío
entonces juntaré las heridas en una piedra.
Es tan fácil, muy fácil.
Se ve que todos aprenden a seguir a todos,
y todos duermen, cuando los demás duermen,
se cansan y están todos cansados,
subes a un avión y todo el mundo sube,
o bajas una escalera, y ves que todos la bajan.
Otra vez el árbol, postal de un espejo enfermo,
se están muriendo las nubes en su corona
y nadie viene a saludarlo.
Porque todo tiene un orden,
cada verso es un universo
y yo, y esta herida de mirar todo por no tocarlo
somos efímeros e intercambiables.
Celosía IX
Vamos a ganar tiempo,
para enfermar la mente de poesía y de sombras.
Vamos a alimentar la distancia
que ya nos tocamos por dentro.
Abracemos en otros la herida que nos vuelve hermosos
y dejemos que la lágrima sea objeto de burla
para otro futuro,
total ya rompimos la llave que mantenía el fuego.
Tu vuelves a mi, huyéndote,
yo me alejo de la reja,
y vuelvo a ti,
con vergüenza,
con el ego entre las piernas
y las balas y las palabras también.
Amanece, todos los días amanece,
y aunque cuesta respirar, se respira bien.
Vivir entre tantos paréntesis
hace la vida difícil de explicar.
Ahí, encima de los secretos y de la ropa sucia,
están tus sonrisas, tus párpados húmedos,
el aire de tu risa que todo lo perfumaba.
Ahí esta eso que escondía bajo la cama,
mi orgullo, mis ganas de abrir la puerta y salir a jugar.