José Segundo Cefal
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ya nadie ríe,
no hay instantes mágicos.
Opaca la luz que alumbra
esas fugaces sombras.
Has subido de nuevo al campanario,
sabías que no encontrarías mi cráneo
en tu almohada
ni en los campos que se cubren de ortigas.
Reíd sobre las sombras de mi entierro
donde al paso del cortejo
se van desocupando las últimas tumbas.
Nunca más te voy a esperar,
viviré mi muerte de vivo
en este cementerio desocupado.
no hay instantes mágicos.
Opaca la luz que alumbra
esas fugaces sombras.
Has subido de nuevo al campanario,
sabías que no encontrarías mi cráneo
en tu almohada
ni en los campos que se cubren de ortigas.
Reíd sobre las sombras de mi entierro
donde al paso del cortejo
se van desocupando las últimas tumbas.
Nunca más te voy a esperar,
viviré mi muerte de vivo
en este cementerio desocupado.
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