eduardocarpio
Poeta adicto al portal
Cenizas mías
Ahí la tienes, rosa caminante,
sin vuelta atrás, envuelta y colorida
de sangre que te habita
en cada poro, en cada carcajada;
ella también aviva, fuego adentro,
invisible gangrena necesaria,
callando silenciosa
el fin que ha de llevarte hasta la muerte.
A veces qué lejana
mas cerca tu caricia,
tu frente suavemente,
indolora y presente. Lo sabes con certeza,
lo han dicho los especialistas, muchos,
y tragedia será, por ser temprana,
demasiado. ¡Qué pena!
Sus ganas de vivir, su entrega pareja
en el abrazo, el beso en la mejilla
el humo que fumaba y la palabra
que siempre le pedías.
Y en el hombro gigante, su tibieza,
almohada serena, tierna, enorme
-suave pluma de guano-
encendida de gozo, enternecida.
¡Qué desgracia estos ojos
de ceniza velados!
Ahí la tienes, rosa caminante,
sin vuelta atrás, envuelta y colorida
de sangre que te habita
en cada poro, en cada carcajada;
ella también aviva, fuego adentro,
invisible gangrena necesaria,
callando silenciosa
el fin que ha de llevarte hasta la muerte.
A veces qué lejana
mas cerca tu caricia,
tu frente suavemente,
indolora y presente. Lo sabes con certeza,
lo han dicho los especialistas, muchos,
y tragedia será, por ser temprana,
demasiado. ¡Qué pena!
Sus ganas de vivir, su entrega pareja
en el abrazo, el beso en la mejilla
el humo que fumaba y la palabra
que siempre le pedías.
Y en el hombro gigante, su tibieza,
almohada serena, tierna, enorme
-suave pluma de guano-
encendida de gozo, enternecida.
¡Qué desgracia estos ojos
de ceniza velados!
Ojalá que aún cerrados me acompañen.
eduardocarpio
2 de mayo de 2013
2 de mayo de 2013