sergio Bermúdez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ceremonias lujuriosas
se apoderan de mi piel
cuando se hace el eco en mis sueños
porque en esos momentos
arde mí voz
en mitad de su aroma
se hace mi cuerpo tapando
a sus sombras,
en la magia que hechiza el sueño
de una chica
con su deseo
estirando sus sueños
hasta el juramento
en el que se cubren las olas
de sus cabellos,
una lluvia de rimas
cicatriza mi frente
que enciende a las aventuras
mientras mí voz se posa
en su tono
para fabricarse entre
lluvias de besos
que se mojan en sus bocas
para salir desde los aires
para llegar y resucitar
al aliento
que encumbra
la magia perfecta
para hacer el amor
en la libre armonía
en su más eterna alegría
de llevar
a sus besos
en la magia
y fe
de que todo
se hace
con un gran poder
de eclipsar a los tiempos
y rozar su querer
llevando a sus horizontes
cubriéndolos con nuestras pupilas
para que se encienda la noche
y llevemos en nuestras mentes
el saber de la vida
que nos dice su profecía
escuchar a los besos rojizos
que las escaleras del sol
solo tapan su vapor
cuando su amor
no perdona a su pecado
solo saber
donde están los lados
donde duermen sus paisajes
está todo en el interior
del cuerpo
protegido por su abrigo
hasta consumirse
en la última perla
donde los sonrojados versos
no pueden esquivar
a los poderes de una gran lujuria
que invoca a mí ser
atravesando los límites
que me hacen enloquecer
con su boca
en mi boca
ya esta su amanecer
que los espíritus hagan
sus calderas de arte
en esas que solo se sabe
que se absorbieron las pinceladas
de sangre entre las venas
de su más bello placer
somos sangre
somos arte
somos soñadores
nunca se podrá decir
que los amantes no duermen en la luna
solo la luna puede decir
lo que está escrito
en nuestra verdad
en esa en el que
la primera palabra
no termina nunca
solo se ve
que los acantilados
de furia pasional
nos dejan regar
a nuestro cuerpo
para hacerlo gritar
porque hay cuerpos
que sufren
otros que se van
pero ante todo poema
solo me queda mirar
que los valores
son la bandera
de esa envidiable libertad.
Última edición: