Évano
Libre, sin dioses.
.
Rueda el ayer detrás de cada espalda
obligando a la esquina de los ojos
a recordar al mundo que perdimos
y a los palos que arrojamos a las ruedas
del carro que portaba una niñez
escrita con la tinta de los juegos
de letras invisibles a mayores.
Guardadas en baúles de ilusiones,
las cerramos con llaves de los tiempos.
Ahora los recuerdos son estatuas
demolidas en granos de una ampolla
que caen y destrozan al presente
del hombre impotente que resbala
en arenas del cuello de un reloj
que desciende al abismo de la muerte.
Ahora, en la otra ampolla del reloj,
junto a nuestras estatuas demolidas
y a baúles de sueños destrozados,
queremos ser el mundo que perdimos,
deseando que el niño se nos abra
y que el romper del tiempo se detenga.
Ahora, que la llave que guardamos...
Rueda el ayer detrás de cada espalda
obligando a la esquina de los ojos
a recordar al mundo que perdimos
y a los palos que arrojamos a las ruedas
del carro que portaba una niñez
escrita con la tinta de los juegos
de letras invisibles a mayores.
Guardadas en baúles de ilusiones,
las cerramos con llaves de los tiempos.
Ahora los recuerdos son estatuas
demolidas en granos de una ampolla
que caen y destrozan al presente
del hombre impotente que resbala
en arenas del cuello de un reloj
que desciende al abismo de la muerte.
Ahora, en la otra ampolla del reloj,
junto a nuestras estatuas demolidas
y a baúles de sueños destrozados,
queremos ser el mundo que perdimos,
deseando que el niño se nos abra
y que el romper del tiempo se detenga.
Ahora, que la llave que guardamos...
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