Agustín Nicolás
"El recuerdo es el idioma de los sentimientos"
Cerrazón
Busco la luna.
A mis alrededores la busco.
No hay señal alguna.
Páramo oscuro, mudo.
Entre sombras me muevo.
La calle es desierto.
Nubes tapan el firmamento.
Las almas en pena hacen escuchar sus lamentos.
Camino rápido sin rumbo,
llegar a la luz mi motivo.
Sin embargo, la tiniebla me inunda el alma,
presiona mi pecho, atrapa mis tobillos.
Me tira hacia atrás por el camino andado,
me arrastra sin clemencia.
Grito: ¿Por qué me llevas, en qué te he hecho daño?
La respuesta: indiferencia.
Ya libre de agarrones,
pero aún entre sombras,
entre los densos nubarrones,
se entrevén las estrellas lustrosas.
Me lleva a mi hogar la cruz del sur.
La noche interminable perece.
Llegará a todos los alrededores la luz.
El colorado sol en el confín aparece.
Los pájaros cantan y revolotean,
en el aire con el viento danzan.
La gente ya en la calle pasea.
El fulgor inunda como agua la tierra.
Sin embargo, no alcanza.
La tiniebla vive en mí.
La sombra está a mi pecho arraigada.
En mis venas enraizado lo infeliz.
Tendré que luchar en las futuras madrugadas,
hasta que en una de ellas, ya no vea jamás
el sol ni las estrellas.
Busco la luna.
A mis alrededores la busco.
No hay señal alguna.
Páramo oscuro, mudo.
Entre sombras me muevo.
La calle es desierto.
Nubes tapan el firmamento.
Las almas en pena hacen escuchar sus lamentos.
Camino rápido sin rumbo,
llegar a la luz mi motivo.
Sin embargo, la tiniebla me inunda el alma,
presiona mi pecho, atrapa mis tobillos.
Me tira hacia atrás por el camino andado,
me arrastra sin clemencia.
Grito: ¿Por qué me llevas, en qué te he hecho daño?
La respuesta: indiferencia.
Ya libre de agarrones,
pero aún entre sombras,
entre los densos nubarrones,
se entrevén las estrellas lustrosas.
Me lleva a mi hogar la cruz del sur.
La noche interminable perece.
Llegará a todos los alrededores la luz.
El colorado sol en el confín aparece.
Los pájaros cantan y revolotean,
en el aire con el viento danzan.
La gente ya en la calle pasea.
El fulgor inunda como agua la tierra.
Sin embargo, no alcanza.
La tiniebla vive en mí.
La sombra está a mi pecho arraigada.
En mis venas enraizado lo infeliz.
Tendré que luchar en las futuras madrugadas,
hasta que en una de ellas, ya no vea jamás
el sol ni las estrellas.