IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Un dios que todo lo observa,
creador de nuestros suelos,
en donde las raíces
se mutilan para alcanzar la luz,
un dios que moribundo decidió expandirse,
inmolándose,
como última voluntad,
quizás para hacerle saber
a todo su ser
que en verdad su existencia omnipotente
nunca logró exterminarse del todo,
ahora en nuestras manos quedó su futuro,
esencia de su esencia,
neuronas de su inmensa mente,
conciencias unificadas,
experimentan un placer sin igual
al conocer aquel umbral
que nos separa de la vida,
abstracción sensorial,
cuanto menos ardemos,
más combustible tiene el viento
para apagar este infierno,
para liberar a un ser,
condenado a la contemplación absurda
de una imperfección inmodificable,
ahora, aquel dios se nos manifiesta,
en sueños, en pesadillas,
en delirios de materia abstracta,
aquel ser, atemporal, y "omnipotente",
nos inculca,
a través de la incertidumbre y la duda,
a través del dolor y la empatía,
a través de la vida y su injusta crepitación,
la condenatoria sabiduría del culpable,
su voluntad,
atada al pensamiento,
manifestación
que nunca se borra completamente,
decide matar a todos
y a todo tipo de existencia,
tiempo, y materia,
pero al igual que él,
justo a unos instantes de morir
nuestra esencia se desprende,
irracional y parasitariamente,
para nacer una vez más.
creador de nuestros suelos,
en donde las raíces
se mutilan para alcanzar la luz,
un dios que moribundo decidió expandirse,
inmolándose,
como última voluntad,
quizás para hacerle saber
a todo su ser
que en verdad su existencia omnipotente
nunca logró exterminarse del todo,
ahora en nuestras manos quedó su futuro,
esencia de su esencia,
neuronas de su inmensa mente,
conciencias unificadas,
experimentan un placer sin igual
al conocer aquel umbral
que nos separa de la vida,
abstracción sensorial,
cuanto menos ardemos,
más combustible tiene el viento
para apagar este infierno,
para liberar a un ser,
condenado a la contemplación absurda
de una imperfección inmodificable,
ahora, aquel dios se nos manifiesta,
en sueños, en pesadillas,
en delirios de materia abstracta,
aquel ser, atemporal, y "omnipotente",
nos inculca,
a través de la incertidumbre y la duda,
a través del dolor y la empatía,
a través de la vida y su injusta crepitación,
la condenatoria sabiduría del culpable,
su voluntad,
atada al pensamiento,
manifestación
que nunca se borra completamente,
decide matar a todos
y a todo tipo de existencia,
tiempo, y materia,
pero al igual que él,
justo a unos instantes de morir
nuestra esencia se desprende,
irracional y parasitariamente,
para nacer una vez más.