Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Un pez eólico salta del acto de escribir,
aunque la línea de arriba no es precisamente un río,
más bien es como un puente de viento
que fluye de aquí para allá trasportado cosas quietas,
sílabas inmóviles que suenan como espigas o sonajas.
Pero mi pez no es una tonta hoja otoñal
y, en definitiva, odia las escaleras eléctricas,
los teleféricos y a sí mismo un poco cada tarde.
Él quiere llegar a la puerta imaginaria
no que la puerta venga y pregunte por otra dirección,
tampoco que lo arrastre de su falta de pestañas
y le obligue a decir toc toc, porque la onomatopeya
de tocar una entrada invisible no suena a la angustia
de que pregunten ¿Quién es?, a sabiendas
que la vieja Inés no es un pez, ni nada, ni nadie
que se le parezca en la forma de abrir la boca,
en el olor a sombra removida por el agua del aire.
Un pez vuelve a la corriente de lo que escribo,
sucias palabras anaeróbicas que son un anzuelo
tirado a las nubes, nubes que no son
sino charcos en el cielo.
aunque la línea de arriba no es precisamente un río,
más bien es como un puente de viento
que fluye de aquí para allá trasportado cosas quietas,
sílabas inmóviles que suenan como espigas o sonajas.
Pero mi pez no es una tonta hoja otoñal
y, en definitiva, odia las escaleras eléctricas,
los teleféricos y a sí mismo un poco cada tarde.
Él quiere llegar a la puerta imaginaria
no que la puerta venga y pregunte por otra dirección,
tampoco que lo arrastre de su falta de pestañas
y le obligue a decir toc toc, porque la onomatopeya
de tocar una entrada invisible no suena a la angustia
de que pregunten ¿Quién es?, a sabiendas
que la vieja Inés no es un pez, ni nada, ni nadie
que se le parezca en la forma de abrir la boca,
en el olor a sombra removida por el agua del aire.
Un pez vuelve a la corriente de lo que escribo,
sucias palabras anaeróbicas que son un anzuelo
tirado a las nubes, nubes que no son
sino charcos en el cielo.
5 de noviembre de 2021