il_duende
Poeta recién llegado
Como una crisálida,
gota a gota,
perfectamente detenida: sí,
Hacia la arquitectura de los cerros;
chubascos de cóndores transparentes,
paso a paso
carreras de muros ancianos,
paso pétreo,
de sol silbido aparecido,
alboroto de meandros naturales
de alopésicos cerros abrazados,
estornudo de cierzo,
de invierno, de plumas.
Una nube de plumas arrojadas
techos y muros mordiendo.
Negras mariposas vinieron,
se desparramaron sus alas negras
sobre un espacio de pupilas oscuras;
un sollozo de piedra,
de noche, de guijarro,
trémulo de marejada de cerros.
¡Ah, templo!
devotos tendidos en el cielo,
arropadas sombras desnudas;
este tendido monasterio de nieve
como una cesta de magnolias,
como una carcajada de tierra
en las entrañas del silencio.
Una caravana de quebradas,
un salto de valle
entre torcidas cornisas
Negras llamas fugaces.
Los misérrimos mendigos,
pobres de sol y luna,
escasas túnicas vegetales,
espuma de sombreros alejados;
hacia adentro bullicio
de obnubilados vientos chillones,
muros de musgos desbordados
entre los dedos de las piedras:
escándalo de luna desvergonzada
sobre terrazas ebrias mohínas;
sable de luz pálida
en herida mortal blandiendo
del monte la barriga.
Selene, la princesa en un bálsamo rojo
de rosas luminosas, sumergida,
rodando en sempiternas laderas inclinadas:
¡ah, de los delgados cabellos de luz estelar rozando!
una marejada de trigo,
de sombreros blancos,
de hilachas terráqueas,
de cóndor en puñado
es suspiro de piedra;
altura y piedra
brazo en alto,
cielo amasando,
leche arrojando,
espacio robando,
altura cortando,
piedra criando,
canto triturando,
cielo desnivelando;
mordiendo altura,
cosechando viento,
alcanzando nubes,
de laguna en lo alto,
de lacustres voces olvidadas,
de cantos subterráneos y macizos,
en la arruga infinita
de cerros y silencios.
gota a gota,
perfectamente detenida: sí,
Hacia la arquitectura de los cerros;
chubascos de cóndores transparentes,
paso a paso
carreras de muros ancianos,
paso pétreo,
de sol silbido aparecido,
alboroto de meandros naturales
de alopésicos cerros abrazados,
estornudo de cierzo,
de invierno, de plumas.
Una nube de plumas arrojadas
techos y muros mordiendo.
Negras mariposas vinieron,
se desparramaron sus alas negras
sobre un espacio de pupilas oscuras;
un sollozo de piedra,
de noche, de guijarro,
trémulo de marejada de cerros.
¡Ah, templo!
devotos tendidos en el cielo,
arropadas sombras desnudas;
este tendido monasterio de nieve
como una cesta de magnolias,
como una carcajada de tierra
en las entrañas del silencio.
Una caravana de quebradas,
un salto de valle
entre torcidas cornisas
Negras llamas fugaces.
Los misérrimos mendigos,
pobres de sol y luna,
escasas túnicas vegetales,
espuma de sombreros alejados;
hacia adentro bullicio
de obnubilados vientos chillones,
muros de musgos desbordados
entre los dedos de las piedras:
escándalo de luna desvergonzada
sobre terrazas ebrias mohínas;
sable de luz pálida
en herida mortal blandiendo
del monte la barriga.
Selene, la princesa en un bálsamo rojo
de rosas luminosas, sumergida,
rodando en sempiternas laderas inclinadas:
¡ah, de los delgados cabellos de luz estelar rozando!
una marejada de trigo,
de sombreros blancos,
de hilachas terráqueas,
de cóndor en puñado
es suspiro de piedra;
altura y piedra
brazo en alto,
cielo amasando,
leche arrojando,
espacio robando,
altura cortando,
piedra criando,
canto triturando,
cielo desnivelando;
mordiendo altura,
cosechando viento,
alcanzando nubes,
de laguna en lo alto,
de lacustres voces olvidadas,
de cantos subterráneos y macizos,
en la arruga infinita
de cerros y silencios.
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