Ámbar coloqué en mi brazo
y rojo en los labios
para cuando tú vinieras.
Me sorprendí impaciente
esperando la hora de tu llegada
como hace tantos años,
cuando era novia.
He sembrado como cada temporada
la flor de la ilusión en mi pecho,
todos los días la miro
para asegurar su crecimiento,
y de ello me complazco.
A veces, echo semillas también en tu corazón
por si te has olvidado de ello.
Creo que soy la única jardinera de mi casa,
segura estoy que cuando me ausento
muchas de mis plantas se quedan sin hojas,
se entristecen por mi ausencia,
pero cuando regreso
me afano en mimarlas
y me alegro de su surgencia.
Pasan los días cálidos
dentro de mí,
en donde me estoy haciendo una fortaleza.
Si penetro en mi alma
estoy a gusto, segura,
y desde ahí
retomo todas las fuerzas
que derrocho en mis afueras.
Agradezco a la vida mi vida
y aún la siento a borbotones
en mi garganta inquieta.
Aspiro todos sus aromas
y sus sentidos yo siento;
no quiero privarme de ninguno,
aunque el último sabor de mi boca
sea el del cianuro inoportuno.
Deseo que la última luz de mis ojos
sea del sol que mi sueño esconde
y mis sueños se duerman entre los tuyos
como casi todas las noches.
y rojo en los labios
para cuando tú vinieras.
Me sorprendí impaciente
esperando la hora de tu llegada
como hace tantos años,
cuando era novia.
He sembrado como cada temporada
la flor de la ilusión en mi pecho,
todos los días la miro
para asegurar su crecimiento,
y de ello me complazco.
A veces, echo semillas también en tu corazón
por si te has olvidado de ello.
Creo que soy la única jardinera de mi casa,
segura estoy que cuando me ausento
muchas de mis plantas se quedan sin hojas,
se entristecen por mi ausencia,
pero cuando regreso
me afano en mimarlas
y me alegro de su surgencia.
Pasan los días cálidos
dentro de mí,
en donde me estoy haciendo una fortaleza.
Si penetro en mi alma
estoy a gusto, segura,
y desde ahí
retomo todas las fuerzas
que derrocho en mis afueras.
Agradezco a la vida mi vida
y aún la siento a borbotones
en mi garganta inquieta.
Aspiro todos sus aromas
y sus sentidos yo siento;
no quiero privarme de ninguno,
aunque el último sabor de mi boca
sea el del cianuro inoportuno.
Deseo que la última luz de mis ojos
sea del sol que mi sueño esconde
y mis sueños se duerman entre los tuyos
como casi todas las noches.