Nýcolas
Poeta asiduo al portal
Desearía caerme aún aquí abajo estando
esperando la señal de la luna
en su albor de medianoche.
Desearía no ver esta colorada constelación
que emerge rebelde sobre lo frágil de mi tacto
cantando penas ora aquí y ora allá
en la cúspide de la bóveda llameante.
Veo su rostro quebrado desde lo más profundo
puerto bogando desde el infinito
por el mar de las esperas negras en la noche
y siempre-siempre bajo su silencio escarlata fatal.
La enfermedad del espacio brilla en un jamás
hoy y desde ayer parpadea en un conjunto
allí arriba denotando la fiebre cósmica
síntoma de mil y millón incógnitas celestes.
Todo eso es mío pues el firmamento me posee
empero me desmayo dentro de un sueño
reposando en la cama virgen por las madrugadas
como si fuera yo quien muere todos los días.
El sueño me tortura. Caminando entre las rocas
navelinas en una proyección astral áurea
súbito aparezco meditando en mi terraza
como si fuese el cielo quien padece insomnio.
No quiero morir amo demasiado la vida
por eso mi nostalgia es un monstruo en cada año
que pasa fugaz sobre mis ojos pequeños
estrellita que observa el cantar de los cantares.
Si fuese inmortal cual el alba del estío
con un bazo de bronce y paracetamol en el cerebro
podría sí beber el veneno de las cobras en Egipto
y sostener una promesa benjuí con forma de flor.
esperando la señal de la luna
en su albor de medianoche.
Desearía no ver esta colorada constelación
que emerge rebelde sobre lo frágil de mi tacto
cantando penas ora aquí y ora allá
en la cúspide de la bóveda llameante.
Veo su rostro quebrado desde lo más profundo
puerto bogando desde el infinito
por el mar de las esperas negras en la noche
y siempre-siempre bajo su silencio escarlata fatal.
La enfermedad del espacio brilla en un jamás
hoy y desde ayer parpadea en un conjunto
allí arriba denotando la fiebre cósmica
síntoma de mil y millón incógnitas celestes.
Todo eso es mío pues el firmamento me posee
empero me desmayo dentro de un sueño
reposando en la cama virgen por las madrugadas
como si fuera yo quien muere todos los días.
El sueño me tortura. Caminando entre las rocas
navelinas en una proyección astral áurea
súbito aparezco meditando en mi terraza
como si fuese el cielo quien padece insomnio.
No quiero morir amo demasiado la vida
por eso mi nostalgia es un monstruo en cada año
que pasa fugaz sobre mis ojos pequeños
estrellita que observa el cantar de los cantares.
Si fuese inmortal cual el alba del estío
con un bazo de bronce y paracetamol en el cerebro
podría sí beber el veneno de las cobras en Egipto
y sostener una promesa benjuí con forma de flor.