Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Cien años de soledad fueron pocos
para prepararme a un día de martirio contigo.
Tus palabras, dagas envenenadas,
se clavan en mi pecho,
recordándome que el amor también duele.
Me prometiste el paraíso,
me entregaste un infierno disfrazado,
y en cada beso,
una mentira,
en cada abrazo,
un engaño.
Tus caricias,
como serpientes sigilosas,
dejaron marcas invisibles,
pero profundas,
como el eco de una guerra perdida.
Cien años de soledad me enseñaron a esperar,
a soñar con amores imposibles,
pero un día de martirio contigo
me mostró la verdad amarga,
el rostro oculto del amor.
Ironías de un mal amor,
cuando la pasión se convierte en prisión,
y cada "te amo" es un cuchillo más,
hundido con precisión quirúrgica
en el corazón.
Cien años de soledad y un día de martirio,
para entender que tu amor es un espejismo,
un laberinto sin salida,
donde cada paso me lleva
más cerca del abismo.
Hoy, en la quietud de la noche,
cuento los días hasta tu partida,
deseando que el eco de tu voz
se disuelva en el olvido,
como una sombra en la oscuridad.
Cien años de soledad,
y un día de martirio contigo,
para aprender que el amor verdadero
no se construye sobre la mentira,
ni se alimenta del dolor.
para prepararme a un día de martirio contigo.
Tus palabras, dagas envenenadas,
se clavan en mi pecho,
recordándome que el amor también duele.
Me prometiste el paraíso,
me entregaste un infierno disfrazado,
y en cada beso,
una mentira,
en cada abrazo,
un engaño.
Tus caricias,
como serpientes sigilosas,
dejaron marcas invisibles,
pero profundas,
como el eco de una guerra perdida.
Cien años de soledad me enseñaron a esperar,
a soñar con amores imposibles,
pero un día de martirio contigo
me mostró la verdad amarga,
el rostro oculto del amor.
Ironías de un mal amor,
cuando la pasión se convierte en prisión,
y cada "te amo" es un cuchillo más,
hundido con precisión quirúrgica
en el corazón.
Cien años de soledad y un día de martirio,
para entender que tu amor es un espejismo,
un laberinto sin salida,
donde cada paso me lleva
más cerca del abismo.
Hoy, en la quietud de la noche,
cuento los días hasta tu partida,
deseando que el eco de tu voz
se disuelva en el olvido,
como una sombra en la oscuridad.
Cien años de soledad,
y un día de martirio contigo,
para aprender que el amor verdadero
no se construye sobre la mentira,
ni se alimenta del dolor.