maria g. hermoso
Poeta fiel al portal
Voy sintiendo la carencia de culpabilidad,
la lejanía.
Limpio la sangre que mi víctima derrama,
¡estúpida!, esto es asqueroso.
Las lágrimas me escuecen,
tengo mocos.
La furia desapareció,
ya sólo queda atrocidad y odio.
Pronto amanecerá......no me queda tiempo.
Mis manos están sucias
se me han dormido las piernas de estar aquí
arrodillada mirando la maldita puerta.
Tengo frío.
Se defendió, propio de ella, incluso gritó.
¡Inútil!, debimos darle el premio a la mejor victima,
ha encarnado el papel como nadie.
¡Dios! ¿Qué hacer con el cuerpo?
Este nudo en la garganta empieza a joderme.
El espejo me espanta,
no se fingir,
no oculto nada,
mis ojos, mi pelo,
hasta mi ropa, me acusan.
Tengo el cuchillo a mi lado
siento que este es el momento de marcharme,
antes de que me encuentren,
me pregunten.
La ciudad transcurre
ajena a mis necesidades.
Otra vez el silencio vuelve a atormentarme,
¡es insoportable!
y no me queda tiempo
y debo irme.
¿Y a donde voy?.
Y el cuchillo en el suelo.
Y lo cojo.
Miro el cuerpo.
No oculta nada.
No siente nada.
No miente.
Me tengo que ir.
Ahora estoy segura.
Abro la puerta.
Dejo atrás un lugar vacío y muerto.
Respiro hondo.
Arrastro el cadáver,
mi creación,
mi inspiración.
Me duele la espalda.
El maletero esta demasiado lejos del suelo,
recurro al asiento trasero.
Restriego todo su cuerpo por el asiento,
intento extenderlo.
Monto en este ataúd hasta llegar.
Dejo caer el cuerpo,
cierro la puerta.
Abro la ventanilla
y vuelvo a casa.
Furia, ira, nervios, ganas de dibujar trazos, de tirar cosas y de arrancarme los pelos. Dolor en la garganta, un pañuelo roto y mojado en la mano, escribir a oscuras, mirar las sombras, el brillo de la luz en el suelo. Aguantar la respiración, moquear, buscar el motivo. Me gusta estar aquí , en el suelo, autocompadeciéndome sintiendo dolor, manchándome las manos con este mundo roto que he encontrado, olvidando, recordando, imaginando cosas que me hacen enfurecer. Arrugar papeles, morder sus esquinas, clavarme las uñas en los brazos. Sentir. Pensar solo en lo malo: no sé hacer esto, no sé hacer lo otro, no sirvo para nada, nada me gusta. Mi mediocridad me agobia. Miro mis pies, mi ropa, me siento ridícula. Intento mirar a través de los cristales empañados, me hacen sentir trágica, me gusta.
Necesito un cigarrillo.
Mis intentos de originalidad y espontaneidad siguen esparcidos por el suelo. Acabo de recordar el motivo.
Aún así sigo viendo claramente en mi mente la escena: ella arrodillada en el suelo, sufriendo, manchada de sangre e intentando convencerse de no sentir nada, intentando no perder la calma.
Y sigo sintiendo la necesidad de decirlo tal como lo dicen mis papeles en el suelo, rotos, arrugados y mordidos.
Sigo creyendo que esta lejos de la escena sin saber qué hacer, ni qué ha hecho. Esta oscuro, sólo la veo a ella y a la sangre que limpia mientras mira la puerta rezando que nadie venga antes de que acabe. No importa quién es la victima, ni porqué lo ha hecho. Transporta el cuerpo al coche, arrastrándolo. Se deshace de
él. Sube al coche, cierra la puerta y abre la ventanilla.
la lejanía.
Limpio la sangre que mi víctima derrama,
¡estúpida!, esto es asqueroso.
Las lágrimas me escuecen,
tengo mocos.
La furia desapareció,
ya sólo queda atrocidad y odio.
Pronto amanecerá......no me queda tiempo.
Mis manos están sucias
se me han dormido las piernas de estar aquí
arrodillada mirando la maldita puerta.
Tengo frío.
Se defendió, propio de ella, incluso gritó.
¡Inútil!, debimos darle el premio a la mejor victima,
ha encarnado el papel como nadie.
¡Dios! ¿Qué hacer con el cuerpo?
Este nudo en la garganta empieza a joderme.
El espejo me espanta,
no se fingir,
no oculto nada,
mis ojos, mi pelo,
hasta mi ropa, me acusan.
Tengo el cuchillo a mi lado
siento que este es el momento de marcharme,
antes de que me encuentren,
me pregunten.
La ciudad transcurre
ajena a mis necesidades.
Otra vez el silencio vuelve a atormentarme,
¡es insoportable!
y no me queda tiempo
y debo irme.
¿Y a donde voy?.
Y el cuchillo en el suelo.
Y lo cojo.
Miro el cuerpo.
No oculta nada.
No siente nada.
No miente.
Me tengo que ir.
Ahora estoy segura.
Abro la puerta.
Dejo atrás un lugar vacío y muerto.
Respiro hondo.
Arrastro el cadáver,
mi creación,
mi inspiración.
Me duele la espalda.
El maletero esta demasiado lejos del suelo,
recurro al asiento trasero.
Restriego todo su cuerpo por el asiento,
intento extenderlo.
Monto en este ataúd hasta llegar.
Dejo caer el cuerpo,
cierro la puerta.
Abro la ventanilla
y vuelvo a casa.
Furia, ira, nervios, ganas de dibujar trazos, de tirar cosas y de arrancarme los pelos. Dolor en la garganta, un pañuelo roto y mojado en la mano, escribir a oscuras, mirar las sombras, el brillo de la luz en el suelo. Aguantar la respiración, moquear, buscar el motivo. Me gusta estar aquí , en el suelo, autocompadeciéndome sintiendo dolor, manchándome las manos con este mundo roto que he encontrado, olvidando, recordando, imaginando cosas que me hacen enfurecer. Arrugar papeles, morder sus esquinas, clavarme las uñas en los brazos. Sentir. Pensar solo en lo malo: no sé hacer esto, no sé hacer lo otro, no sirvo para nada, nada me gusta. Mi mediocridad me agobia. Miro mis pies, mi ropa, me siento ridícula. Intento mirar a través de los cristales empañados, me hacen sentir trágica, me gusta.
Necesito un cigarrillo.
Mis intentos de originalidad y espontaneidad siguen esparcidos por el suelo. Acabo de recordar el motivo.
Aún así sigo viendo claramente en mi mente la escena: ella arrodillada en el suelo, sufriendo, manchada de sangre e intentando convencerse de no sentir nada, intentando no perder la calma.
Y sigo sintiendo la necesidad de decirlo tal como lo dicen mis papeles en el suelo, rotos, arrugados y mordidos.
Sigo creyendo que esta lejos de la escena sin saber qué hacer, ni qué ha hecho. Esta oscuro, sólo la veo a ella y a la sangre que limpia mientras mira la puerta rezando que nadie venga antes de que acabe. No importa quién es la victima, ni porqué lo ha hecho. Transporta el cuerpo al coche, arrastrándolo. Se deshace de
él. Sube al coche, cierra la puerta y abre la ventanilla.