Évano
Libre, sin dioses.
Sigue el hombre dominado por la esencia
y el ímpetu del animal de la conciencia.
Todo se encamina, va de cara al premio
del macho dominante, alfa de la estupidez.
No somos más que la hipócrita evolución
de los hijos del más fuerte de la manada.
Se arrincona en una esquina y se le otorga
al débil un puesto de castañas en la orilla
de la autopista donde corretean y vuelan
tigres, leones, lobos... tiburones.
Sin respeto el polvo en la cara desvalida
del que se sabe comparsa de los líderes.
Continúa vendiendo castañas con la venda
que te imponen las castas de vanguardia;
o escapa al campo abierto de lo incógnito
y enfréntate a los miedos de ti mismo.
Arranca las alas ficticias de las limosnas
y clava los pies en cada paso de tu tierra,
de la libertad que revolotea cerca de ti;
y no juegues ni compitas imposibles.
Respira el escaso aire que te dejan
y exhala en cada poro el cansancio al avanzar.
Quizás otro mundo sea posible,
pero no en esta vida donde reglas y leyes están
para laurear al mejor, al que acorrala y vence.
Nunca las corderos volarán los aires
que dominan los buitres, caporales,
carroñeros de los restos que arrojan los primeros.
Sé tan débil y minúsculo, tan humilde
que quepan en ti todos los hombres de la tierra
y aún así se pierdan en la misericordia que te sobre.
Que tus rodillas sangren los caminos
y tus manos enfermen por ser pedigüeñas,
hasta que les revienten los ojos de vergüenza
a los que pasean inertes e impasibles ante tantos moribundos
caídos en las cunetas de los campos que devastan.
y el ímpetu del animal de la conciencia.
Todo se encamina, va de cara al premio
del macho dominante, alfa de la estupidez.
No somos más que la hipócrita evolución
de los hijos del más fuerte de la manada.
Se arrincona en una esquina y se le otorga
al débil un puesto de castañas en la orilla
de la autopista donde corretean y vuelan
tigres, leones, lobos... tiburones.
Sin respeto el polvo en la cara desvalida
del que se sabe comparsa de los líderes.
Continúa vendiendo castañas con la venda
que te imponen las castas de vanguardia;
o escapa al campo abierto de lo incógnito
y enfréntate a los miedos de ti mismo.
Arranca las alas ficticias de las limosnas
y clava los pies en cada paso de tu tierra,
de la libertad que revolotea cerca de ti;
y no juegues ni compitas imposibles.
Respira el escaso aire que te dejan
y exhala en cada poro el cansancio al avanzar.
Quizás otro mundo sea posible,
pero no en esta vida donde reglas y leyes están
para laurear al mejor, al que acorrala y vence.
Nunca las corderos volarán los aires
que dominan los buitres, caporales,
carroñeros de los restos que arrojan los primeros.
Sé tan débil y minúsculo, tan humilde
que quepan en ti todos los hombres de la tierra
y aún así se pierdan en la misericordia que te sobre.
Que tus rodillas sangren los caminos
y tus manos enfermen por ser pedigüeñas,
hasta que les revienten los ojos de vergüenza
a los que pasean inertes e impasibles ante tantos moribundos
caídos en las cunetas de los campos que devastan.
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