BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Era tu tronco cintura axial
enfrentada a vientres despojados
de nutritivos y exiguos caparazones.
Vegetal antagonismo que danzaba
entre telas delicadamente incendiadas.
Era tu cintura un vientre disecado,
permanecía intacta sobre soportales
de lluvia.
Lunas ocupadas, sangres de oficina,
tatuados los álamos que vistieron tu agonía.
Eras tan breve, me recordabas un ímpetu
de magnolias, de verdes maderas con combates
de luna llena.
Entre los dientes, las máquinas celestes
chorreando luz y placentas, como en un
deteriorado bajorrelieve.
Plumaje apenas inventado, o ficticio,
movías tu tronco elásticamente hibernado.
Yo pretendía sólo lo que se movía entre
las pestañas, esas alas respetuosas con el
aire vengativo.
Yo llevaba siempre un atrezo de biombos
y plenilunios sacrificados, donde admitían
monedas y vasijas rotas, cerámicas rústicas
de tu pecho al mío.
Rotos los batientes, ¿qué quedará de las puertas?
©07/06/19
enfrentada a vientres despojados
de nutritivos y exiguos caparazones.
Vegetal antagonismo que danzaba
entre telas delicadamente incendiadas.
Era tu cintura un vientre disecado,
permanecía intacta sobre soportales
de lluvia.
Lunas ocupadas, sangres de oficina,
tatuados los álamos que vistieron tu agonía.
Eras tan breve, me recordabas un ímpetu
de magnolias, de verdes maderas con combates
de luna llena.
Entre los dientes, las máquinas celestes
chorreando luz y placentas, como en un
deteriorado bajorrelieve.
Plumaje apenas inventado, o ficticio,
movías tu tronco elásticamente hibernado.
Yo pretendía sólo lo que se movía entre
las pestañas, esas alas respetuosas con el
aire vengativo.
Yo llevaba siempre un atrezo de biombos
y plenilunios sacrificados, donde admitían
monedas y vasijas rotas, cerámicas rústicas
de tu pecho al mío.
Rotos los batientes, ¿qué quedará de las puertas?
©07/06/19