iadra
Poeta que considera el portal su segunda casa
Te llueven las sirenas dentro del mar volcánico.
Las voces te lamen, se retuercen para adorarte
las estatuas te miran desde sus pestañas plásticas.
Te encantan las princesas muertas,
los labios de caramelo incierto,
los ojos de cristal y humo que nunca despiertan.
Las doncellas descarnadas revolotean
a veces tus ansias. Mordisquean
sus tetas amargas.
Te guardas en el culo el arte de la nostalgia
y cagas magia.
Tienes un reino sórdido donde
las putabrujas se desnudan en las plazas.
Las flores de carne se abren para ti
y se aspira su rancio perfume
de tormento y licor, de paraísos perdidos,
esencia de alma sin muerte,
de muerte sin forma
sin calma.
En un circo metálico gobiernas
y yo a tu izquierda postrada.
Las voces te lamen, se retuercen para adorarte
las estatuas te miran desde sus pestañas plásticas.
Te encantan las princesas muertas,
los labios de caramelo incierto,
los ojos de cristal y humo que nunca despiertan.
Las doncellas descarnadas revolotean
a veces tus ansias. Mordisquean
sus tetas amargas.
Te guardas en el culo el arte de la nostalgia
y cagas magia.
Tienes un reino sórdido donde
las putabrujas se desnudan en las plazas.
Las flores de carne se abren para ti
y se aspira su rancio perfume
de tormento y licor, de paraísos perdidos,
esencia de alma sin muerte,
de muerte sin forma
sin calma.
En un circo metálico gobiernas
y yo a tu izquierda postrada.