EL ARPONERO DE LA TINTA
Poeta asiduo al portal
En el antiguo caserón que vivo
la luz solar, ¡el último bosquejo!
-virando de lo azul a lo bermejo-
despide tras ocaso al sustantivo
y deja su pronombre tan altivo
entre la núbil luna y su reflejo,
-cual encumbrado actor en el espejo-
una pasión del ser, introspectivo.
Ya suenan las campanas del convento
aquende por su loor y su partida
y los ángeles, todos, tras evento,
se vuelven flores, por el DIOS, parida,
que obsequian su paz al elemento,
concediendo a él, la tierra prometida.
Nota:
Este soneto es para mi hermano, en su memoria. Lo posteo para que quede impreso en este pergamino.
Saludos cordiales
la luz solar, ¡el último bosquejo!
-virando de lo azul a lo bermejo-
despide tras ocaso al sustantivo
y deja su pronombre tan altivo
entre la núbil luna y su reflejo,
-cual encumbrado actor en el espejo-
una pasión del ser, introspectivo.
Ya suenan las campanas del convento
aquende por su loor y su partida
y los ángeles, todos, tras evento,
se vuelven flores, por el DIOS, parida,
que obsequian su paz al elemento,
concediendo a él, la tierra prometida.
Nota:
Este soneto es para mi hermano, en su memoria. Lo posteo para que quede impreso en este pergamino.
Saludos cordiales
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