QUINSONNAS
Poeta fiel al portal
Sentados a su orilla justo enfrente
nos íbamos al mar a aposentarnos
de noche a descansar y relajarnos
después de trabajar intensamente.
El eco de su brisa efervescente
buscaba por completo refrescarnos
logrando con su aliento disiparnos
las cuitas del espíritu y la mente.
El mismo amigo eterno me llamaba
y dándome la mano me animaba
diciendo que a su lado yo me fuera.
Y allí nos acercábamos a oscuras
quitándonos las penas y amarguras
sin nadie que jamás las retuviera.