PANYU DAMAC
Poeta asiduo al portal
Todo lo que ha sucedido dentro
ya no conocerá más distancia.
No hay calibre cuando se hunde el centro,
no hay espacio ni tiempo,
cuando del amor se trata.
Todo habla por mi,
incluso la boca del silencio.
Flota en esta barcaza de huesos el percibir,
suerte de remo agarrado a un mismo pensamiento.
Y si se pareciera a ti,
aquello que nunca será mío.
Inventaría una brújula que orientara por aquí,
en dirección de algún cumplido.
Que por vivo se ha ocupado,
de mantener encendido el respirador.
Se encuentra el cielo desocupado,
y con una lista interminable el desocupador.
Mírame de nuevo,
agarrado cual coco a la palma.
Carne blanca, dulce la que encierro.
No tiene concha dura mi pulpa,
ni leche sabrosa el alma.
Desconectado del cuerpo mi bienware,
cuenta con un led para el sueño.
Ha sido prescrito envejecer,
pero se debe practicar para llegar a viejo.
En el cuenco retinas de tu amanecer,
no hace falta mirarse en ningún espejo.
Hasta aquí he acudido a beber,
luz pulsátil, sangre de tu pecho.
ya no conocerá más distancia.
No hay calibre cuando se hunde el centro,
no hay espacio ni tiempo,
cuando del amor se trata.
Todo habla por mi,
incluso la boca del silencio.
Flota en esta barcaza de huesos el percibir,
suerte de remo agarrado a un mismo pensamiento.
Y si se pareciera a ti,
aquello que nunca será mío.
Inventaría una brújula que orientara por aquí,
en dirección de algún cumplido.
Que por vivo se ha ocupado,
de mantener encendido el respirador.
Se encuentra el cielo desocupado,
y con una lista interminable el desocupador.
Mírame de nuevo,
agarrado cual coco a la palma.
Carne blanca, dulce la que encierro.
No tiene concha dura mi pulpa,
ni leche sabrosa el alma.
Desconectado del cuerpo mi bienware,
cuenta con un led para el sueño.
Ha sido prescrito envejecer,
pero se debe practicar para llegar a viejo.
En el cuenco retinas de tu amanecer,
no hace falta mirarse en ningún espejo.
Hasta aquí he acudido a beber,
luz pulsátil, sangre de tu pecho.