Clausura Cíclica

Edouard

Poeta adicto al portal
Marcado el horizonte por un mar de plata, el sollozo funesto de la aurora hace temblar de pánico los corazones desgraciados de los chicos enclenques y desnutridos. La melodiosa luz del cielo en celo hace la guerra con los ojos de las niñas, ciegas de tanto Amor que ya no cabe en sus pechos de violada arpa desgarrada. Entonces, el bramido descomunal de una voz estentórea hace saltar en pedazos las cristaleras azul perla que se enmarcan entre las copas sinuosas de los árboles, que no inclinan jamás su cerviz hacia el suelo profundo y lleno de sagrada escarcha. No obstante, hay un santo varón que se atreve a trepar por la montaña nevada del desvarío para reencontrase con su dios ya moribundo. Y entre gritos de verde mar, el patrón de un buque fantasma se desgarra la túnica a rebosar de honorable ónice para zambullirse en el acuoso plato, cargado de tormentas aciagas y sin par.
 
homo-adictus, a tal prosa la titulé Clausura Cíclica por la sencilla razón de que comienza con una profunda reflexión extra natural de una aurora cuyo celo arrasa los corazones de muchachos desnutridos, para a continuación llenar de calamitosa pena a niñas cuyo Amor desbordante, al no caber en sus pechos arrebatados por un furor condenable quedan ciegas. Continúo con un enmarque reflexivo de unas cristaleras que revientan entre arbustos demasiado presuntuosos como para poder agacharse. Hablo de un profeta que busca en su locura de vidente, en las alturas montañosas de un pico nevado a su dios ya muerto por tanta espera por parte de éste, y remato la faena con el tema clave de la mortandad de un capitán de un barco silencioso que se ahoga en la mar que al principio de mi narrativa cortaba severo el horizonte del cielo matinal. Atentamente Edouard.
 

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