Seguro bandoneón que respiraste
el humo tóxico de mi melancolía
y en ríspidos caminos
el dolor te carcomió la hondura
y no quedaste ni a la orilla de la bocanada
para regodearte con mi costado errante,
esquina de faroles
y pleonasmos de lágrimas
Seguro, que contaste a las estrellas
que se cortó el conjuro con la vida,
que el manantial de voces oscuras
se desparrama cada noche
para avergonzarme ante la espuma.
Que flota su savia como brizna
y acompasa el devenir
de un corazón que se quedó
sin luz.