El Poeta del Asfalto
Poeta adicto al portal
¡Pip!
El ojo electrónico ve pasar las cosas,
y piensa para su adentro,
"¡Qué cara está la vida!.
Mejor sigo silicio, estaño y transistor,
aquí muerto"
Un certero golpe en la tecla grande
abre la caja registradora.
Y ahí se va el fruto del esfuerzo a cambio de:
vino, pan, fiambre,
y otras pocas cosas.
Que entran en una sóla bolsa no tan grande
que dice:
"¡Gracias por su compra!"
¡Pip!, ¡Pip!, ¡Pip!
Mientras me voy caminando,
sigue todo el día el ojo electrónico cacareando.
Contando cosas y poniéndoles precio con desprecio.
No encuentra entre lo material nada que,
en verdad,
valga la pena.
Abro la bolsa al llegar a casa,
pongo un disco,
y me doy cuenta que no hay nada que llene más
que seguir viviendo.
El ojo electrónico ve pasar las cosas,
y piensa para su adentro,
"¡Qué cara está la vida!.
Mejor sigo silicio, estaño y transistor,
aquí muerto"
Un certero golpe en la tecla grande
abre la caja registradora.
Y ahí se va el fruto del esfuerzo a cambio de:
vino, pan, fiambre,
y otras pocas cosas.
Que entran en una sóla bolsa no tan grande
que dice:
"¡Gracias por su compra!"
¡Pip!, ¡Pip!, ¡Pip!
Mientras me voy caminando,
sigue todo el día el ojo electrónico cacareando.
Contando cosas y poniéndoles precio con desprecio.
No encuentra entre lo material nada que,
en verdad,
valga la pena.
Abro la bolsa al llegar a casa,
pongo un disco,
y me doy cuenta que no hay nada que llene más
que seguir viviendo.