Porque el río
es señor de los encuentros;
porque también señuelo
a los que azotan sus almas
de incurables mustias.
Porque en sus sanos danzares,
murió perdido
el último deseo de los caprichos;
se bautizaron las primaveras,
apagadas por un verano inquieto;
prematuro e insolente,
sin remedio.
Renegando el pulso
de lo efímero,
imponiendo su fiebre
tras las sombras.
Es allí donde tu amor,
a mis espaldas
lo enfría,
apoderándose de esta verdad,
que guardas en el agua.
es señor de los encuentros;
porque también señuelo
a los que azotan sus almas
de incurables mustias.
Porque en sus sanos danzares,
murió perdido
el último deseo de los caprichos;
se bautizaron las primaveras,
apagadas por un verano inquieto;
prematuro e insolente,
sin remedio.
Renegando el pulso
de lo efímero,
imponiendo su fiebre
tras las sombras.
Es allí donde tu amor,
a mis espaldas
lo enfría,
apoderándose de esta verdad,
que guardas en el agua.