César Guevar
Poeta que considera el portal su segunda casa
A la compañera Valen_Tina.
Para darle un modestísimo valor agregado a su inversión semanal en sueños.
Apamates rosados del cielo en las calles y la lluvia
Los araguaneyes amarillos
El verdor marrón del verano zigzagueante
El verdor oscuro de las aguas
El guacamayo
La reinita
El cristofué
La tortolita
Algún picure todavía o un venado
Las guacharacas negadas a irse sin el último árbol que les quede.
Las mujeres y los hombres y las casas, los caminos, las angustias, el autobús,
la espera, los cantos de las niñas y los niños en la escuela, y vuelta otra vez
los árboles, los pájaros, la luz… el sol, la luz.
Se pueden ver cada mañana desde el aire,
sobre el suelo-imán gravitatorio
y hasta debajo de los ríos en las gotas.
¿Nunca viniste a Venezuela?
Colón, en un breve arranque de humanidad
-que le duró muy poco-,
la llamó “Tierra de Gracia”.
Se quedó corto:
Debió llamarla POESÍA.
Para darle un modestísimo valor agregado a su inversión semanal en sueños.
Apamates rosados del cielo en las calles y la lluvia
Los araguaneyes amarillos
El verdor marrón del verano zigzagueante
El verdor oscuro de las aguas
El guacamayo
La reinita
El cristofué
La tortolita
Algún picure todavía o un venado
Las guacharacas negadas a irse sin el último árbol que les quede.
Las mujeres y los hombres y las casas, los caminos, las angustias, el autobús,
la espera, los cantos de las niñas y los niños en la escuela, y vuelta otra vez
los árboles, los pájaros, la luz… el sol, la luz.
Se pueden ver cada mañana desde el aire,
sobre el suelo-imán gravitatorio
y hasta debajo de los ríos en las gotas.
¿Nunca viniste a Venezuela?
Colón, en un breve arranque de humanidad
-que le duró muy poco-,
la llamó “Tierra de Gracia”.
Se quedó corto:
Debió llamarla POESÍA.
César Guevar. Finales de agosto y Venezuela. 2015.
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