Rojo como el fuego que calienta el cuerpo
y da alas al espíritu inquieto.
Verde cómo la hierba que crece,
despacio, sin prisas,
que se estremece con la brisa.
Azul como el cielo al que se dirigen las plegarias,
que salen de bocas que silenciosas
buscan que sus deseos se cumplan.
Amarillo como el sol
que abrasa los campos
cuando llega el estío
y hace que la vida crezca a su ritmo.
Marrón como la tierra oscura y húmeda
de la que nacen los frutos
que llenan las bocas
que se muestran hambrientas.
Gris como la niebla
que empaña la visión,
que no deja que veamos nuestras huellas
sobre la superficie yerma.
Y negro,
negro como la oscuridad
que anida en los corazones
de aquéllos cuyos labios
sólo saben de mentiras,
de huecas palabras,
que absorben la ilusión,
la esperanza,
y que hacen que la semilla de la desesperación
en la sociedad florezca como cizaña.
y da alas al espíritu inquieto.
Verde cómo la hierba que crece,
despacio, sin prisas,
que se estremece con la brisa.
Azul como el cielo al que se dirigen las plegarias,
que salen de bocas que silenciosas
buscan que sus deseos se cumplan.
Amarillo como el sol
que abrasa los campos
cuando llega el estío
y hace que la vida crezca a su ritmo.
Marrón como la tierra oscura y húmeda
de la que nacen los frutos
que llenan las bocas
que se muestran hambrientas.
Gris como la niebla
que empaña la visión,
que no deja que veamos nuestras huellas
sobre la superficie yerma.
Y negro,
negro como la oscuridad
que anida en los corazones
de aquéllos cuyos labios
sólo saben de mentiras,
de huecas palabras,
que absorben la ilusión,
la esperanza,
y que hacen que la semilla de la desesperación
en la sociedad florezca como cizaña.