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Comentarios en las canciones tristes de YouTube

Pedro Olvera

#ElPincheLirismo
¿Cuántos huesos de ciruelas necesito
para armar tu esqueleto
y que brotes de la besanas de la muerte
con tu dulzura intacta?
Estas paredes son de escarbar tanto
y tanta tierra tengo bajo las uñas
que mi urgencia de ti ya echa sombra.

Haces karaoke con las letras del río.
Oigo un idioma olvidado, incomprensible,
pero lo entiendo como un rumor de agua apretada
contra el vidrio de tus pulmones.
El aire sostiene tu canción en sus hilos
como mi boca sostiene tu nombre
para que no se caiga con cada derrumbe.
Por tu nombre tengo pegada la boca a un hueco solo:
es una ventana por donde nadie se asoma,
una ventana a punto de lanzarse desde la ventana.

El video termina. Tu voz no se va de estar lejos.
Leo en los comentarios peces que revuelven
la atmósfera opaca
y anudan sus fibras de falso henequén
como un dogal de niebla en las cervicales.
Todo se llena de miradas que se desataron de sus ojos,
una oscuridad perdida
que me está buscando para iluminarme
la risa.

Mi pájaro favorito también es una laguna
que se escapó con los patos.
Tal vez por ello su vertiente de viento
suena a sequía de nubes,
a tristeza que remonta sus remolinos de arena,
a sol que se desprende de las ramas
y se destroza contra las piedras lisas,
a luz fantasma que no llega al llanto
porque por dentro tus ojos están cerrados.

13 de diciembre de 2024
 
Pedro, tu poema es bellísimo, alto grado de lirismo (en el buen sentido), aunque igual es un abuso de tus letras que llegan al alma. El dulzor de las ciruelas, el aire apretado; el sol muriendo entre las piedras, escapando de las hojas; la laguna como una tela que se recoge con sus patos, tan efímera y el polvo del desierto sobre las propias llagas; creo que mientras retomas las letras del río cantadas por alguien más, escribiste este poema.
 
Pedro, tu poema es bellísimo, alto grado de lirismo (en el buen sentido), aunque igual es un abuso de tus letras que llegan al alma. El dulzor de las ciruelas, el aire apretado; el sol muriendo entre las piedras, escapando de las hojas; la laguna como una tela que se recoge con sus patos, tan efímera y el polvo del desierto sobre las propias llagas; creo que mientras retomas las letras del río cantadas por alguien más, escribiste este poema.
Muchas gracias por tu aporte a este texto, compañera. Saludos cordiales.
 
¿Cuántos huesos de ciruelas necesito
para armar tu esqueleto
y que brotes de la besanas de la muerte
con tu dulzura intacta?
Estas paredes son de escarbar tanto
y tanta tierra tengo bajo las uñas
que mi urgencia de ti ya echa sombra.

Haces karaoke con las letras del río.
Oigo un idioma olvidado, incomprensible,
pero lo entiendo como un rumor de agua apretada
contra el vidrio de tus pulmones.
El aire sostiene tu canción en sus hilos
como mi boca sostiene tu nombre
para que no se caiga con cada derrumbe.
Por tu nombre tengo pegada la boca a un hueco solo:
es una ventana por donde nadie se asoma,
una ventana a punto de lanzarse desde la ventana.

El video termina. Tu voz no se va de estar lejos.
Leo en los comentarios peces que revuelven
la atmósfera opaca
y anudan sus fibras de falso henequén
como un dogal de niebla en las cervicales.
Todo se llena de miradas que se desataron de sus ojos,
una oscuridad perdida
que me está buscando para iluminarme
la risa.

Mi pájaro favorito también es una laguna
que se escapó con los patos.
Tal vez por ello su vertiente de viento
suena a sequía de nubes,
a tristeza que remonta sus remolinos de arena,
a sol que se desprende de las ramas
y se destroza contra las piedras lisas,
a luz fantasma que no llega al llanto
porque por dentro tus ojos están cerrados.

13 de diciembre de 2024
¡Hacete, Flaco!
¿Y cuántos coras necesito yo pa no llorar con este poema tuyo?
(Aquí va el changuito tapándose la cara)
Ahora vos me debés un abrazo.
Te quiero re, Pinchelírico.
 
¡Hacete, Flaco!
¿Y cuántos coras necesito yo pa no llorar con este poema tuyo?
(Aquí va el changuito tapándose la cara)
Ahora vos me debés un abrazo.
Te quiero re, Pinchelírico.
Con tus dos ventrículos y tus dos aurículas bastan para que la bilis negra se apodere de tus sístoles y tus diástoles, querida Rominovsky. Mejor llénalos con esa mariconada que allá se toman con coca cola, ya que tanto miedo le tienes al mezcal y al tequila, ja, ja.
Pago los abrazos y la siguiente ronda.
 
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