Hembra suicida
sin más piel que el hielo sublimado
de gases y rosas invisibles
en la ruta de la elipse
que remarcan mis ojos asoleados.
Venías con el sol
arriando astros dormidos
y danzando descalza
tu cabellera crecía
más allá de tus caderas.
Tus pechos se encendían
como ascuas volcánicas
que burlaban los rayos
y la lanceta furiosa
del escorpión sideral.
Los noticiarios no avisaron
pues, desconocían
que tu cargabas el universo entero,
que tu sonrisa nómade era nuestra angustia,
que tu voz era un rumor de grillos
amplificando el llanto
de los que se saben vencidos,
que tu cola era un vestido de novia
fragmentado en la entrepierna,
que tu aliento era todo el frío sentido desde niño
y tu sangre mis huesos
que sostienen las miradas
en la inútil búsqueda de dios.
En el dos mil 325 los noticiarios
de las terminales incorporadas
a la altura de las sienes
¡¡no avisarán!!
sólo dibujarán las trayectorias
informático bursátiles
que los harán más ricos
sobre mis restos.
Pero yo sentiré un murmullo
de grillos y pájaros nuevos
percolará la lluvia de carbono
para unificar el polvo
que me vestirá de olvido,
e inclinaré la cuenca de mis ojos
para erguirme sobre mi tumba
estacada por cruces de neón
para esperar el retorno
de la hembra suicida
que prometía eternidad.