Adri García
Poeta recién llegado
Comienza la noche
Comienzan los suburbios de mi alma a despertar falsas alegrías,
falsas emociones, falsos sueños, sensaciones, sentimientos que corroen,
que marchitan, contaminan, que prosperan e imaginan, pero no se hacen realidad.
Comienza la noche y con ella cae mi felicidad.
Solo oigo susurros de silencio, una calma que me adentra en un lejano universo
Allí puedo soñar, dormir. Allí puedo convertirlo todo en real, llegan las sonrisas hasta el fondo de mi corazón, no me escondo si quiero llorar, puedo sentir y volar.
Comienza el velatorio de mi vida animada
Esa vida cargada de sabores, amapolas, colores que poco a poco se van desvaneciendo en la fría y cálida niebla, en el mismo lugar donde se agrietan las fantasías, esas fantasías que te hacen reír, que transmiten energía, que hacen que puedas ser arropado por el viento en la noche y en el día pero que con el tiempo te dejarán abandonado, sentado en mitad de la calle, pensando que la vida no ha sido y pudo ser un gran valle. Observando como transcurre la mitad de los años.
-Este universo no es grande, está ajustado a mi medida. Las nubes saben a ganas, las estrellas huelen a posibilidad y el cielo es un eterno escenario donde subo a compartir mis llantos. Todo el firmamento se rinde ante mis pies, soy el rey de este paisaje. Controlo todo cuanto veo y, si me noto aburrido, me siento en un rincón y contemplo. Contemplo como todo me sonríe y se pone a mi favor hasta que encuentro ese pequeño punto que me hace desvariar, esa pequeña y gran oquedad por la que me entra curiosidad y cuando me dispongo a ojear todo mi mundo se derrumba y caemos mis ilusiones y yo al vacío, chocando y quedando en un estado aterrador.
Comienza mi viaje a otra galaxia.
Navego por los infinitos pasillos de la confusión, por los infinitos mares de la deshora, aterrizando en distintas áreas, cada cual más negra que la anterior. Pero consigo situarme. Lo veo todo borroso, difuminado, apenas puedo distinguir los distintos colores que conforman el espacio. Ese extraño espacio.
-Al fin despierto. Miro a mi alrededor y observo lo mismo. Farolas apagadas, cristales destrozados, charcos secos, penas fotografiadas. Pecados, muertes, desilusión, sentimientos enfrentados, cualquier cosa me ataca, un pensamiento, una guadaña, aliento de agonía, golpes bajos, monotonía, la corriente me arrastra y me sostiene. Finalmente me tiene. Los barrios quedan vacíos y yo, más hueco que un niño herido, decido arroparme con la soledad. Ella me entiende, no se marcha, se queda a mi lado con su voz escarcha, sabe escuchar todos mis fracasos, todas mis penas y todos mis llantos. Le doy un abrazo por hacerme compañía, ya que me ha soportado, aguantado y me llenó de simpatía.
Y es que a veces te quedas desolado, cuando tus sueños te han vendido o una mujer se ha marchado. Al fin y al cabo, el amor no es para todos igual, para muchos se mueve y viene. En mi cuento solo va.
Comienzan los suburbios de mi alma a despertar falsas alegrías,
falsas emociones, falsos sueños, sensaciones, sentimientos que corroen,
que marchitan, contaminan, que prosperan e imaginan, pero no se hacen realidad.
Comienza la noche y con ella cae mi felicidad.
Solo oigo susurros de silencio, una calma que me adentra en un lejano universo
Allí puedo soñar, dormir. Allí puedo convertirlo todo en real, llegan las sonrisas hasta el fondo de mi corazón, no me escondo si quiero llorar, puedo sentir y volar.
Comienza el velatorio de mi vida animada
Esa vida cargada de sabores, amapolas, colores que poco a poco se van desvaneciendo en la fría y cálida niebla, en el mismo lugar donde se agrietan las fantasías, esas fantasías que te hacen reír, que transmiten energía, que hacen que puedas ser arropado por el viento en la noche y en el día pero que con el tiempo te dejarán abandonado, sentado en mitad de la calle, pensando que la vida no ha sido y pudo ser un gran valle. Observando como transcurre la mitad de los años.
-Este universo no es grande, está ajustado a mi medida. Las nubes saben a ganas, las estrellas huelen a posibilidad y el cielo es un eterno escenario donde subo a compartir mis llantos. Todo el firmamento se rinde ante mis pies, soy el rey de este paisaje. Controlo todo cuanto veo y, si me noto aburrido, me siento en un rincón y contemplo. Contemplo como todo me sonríe y se pone a mi favor hasta que encuentro ese pequeño punto que me hace desvariar, esa pequeña y gran oquedad por la que me entra curiosidad y cuando me dispongo a ojear todo mi mundo se derrumba y caemos mis ilusiones y yo al vacío, chocando y quedando en un estado aterrador.
Comienza mi viaje a otra galaxia.
Navego por los infinitos pasillos de la confusión, por los infinitos mares de la deshora, aterrizando en distintas áreas, cada cual más negra que la anterior. Pero consigo situarme. Lo veo todo borroso, difuminado, apenas puedo distinguir los distintos colores que conforman el espacio. Ese extraño espacio.
-Al fin despierto. Miro a mi alrededor y observo lo mismo. Farolas apagadas, cristales destrozados, charcos secos, penas fotografiadas. Pecados, muertes, desilusión, sentimientos enfrentados, cualquier cosa me ataca, un pensamiento, una guadaña, aliento de agonía, golpes bajos, monotonía, la corriente me arrastra y me sostiene. Finalmente me tiene. Los barrios quedan vacíos y yo, más hueco que un niño herido, decido arroparme con la soledad. Ella me entiende, no se marcha, se queda a mi lado con su voz escarcha, sabe escuchar todos mis fracasos, todas mis penas y todos mis llantos. Le doy un abrazo por hacerme compañía, ya que me ha soportado, aguantado y me llenó de simpatía.
Y es que a veces te quedas desolado, cuando tus sueños te han vendido o una mujer se ha marchado. Al fin y al cabo, el amor no es para todos igual, para muchos se mueve y viene. En mi cuento solo va.