Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
COMIENZO DE NADA
Te llamé,
recordé tu nombre,
mencioné las palabras
que ya sabías desde siempre,
la proclama del invierno en los balcones
arengaba tus tercas bulerías.
Dije cosas que lamían comisuras e intersticios,
secretos que a leguas no eran sino
la imagen prefabricada en los desiertos,
visualizaciones de un ayer próspero y alegre
cuando eran más factibles tu calma,
la música transitando tus humedales y sabanas,
el vicio de mirarte después de los ocasos
desde los techos heridos.
Sin embargo, callaste, no dijiste nada,
no permitiste que el tiempo elaborase
ese alivio que amansa con gozos el alma
y desvía el afluente de los días.
Aquí yo, expectante,
apenas balbuceas mi nombre y todo reinicia
desde un comienzo de nada.
Te llamé,
recordé tu nombre,
mencioné las palabras
que ya sabías desde siempre,
la proclama del invierno en los balcones
arengaba tus tercas bulerías.
Dije cosas que lamían comisuras e intersticios,
secretos que a leguas no eran sino
la imagen prefabricada en los desiertos,
visualizaciones de un ayer próspero y alegre
cuando eran más factibles tu calma,
la música transitando tus humedales y sabanas,
el vicio de mirarte después de los ocasos
desde los techos heridos.
Sin embargo, callaste, no dijiste nada,
no permitiste que el tiempo elaborase
ese alivio que amansa con gozos el alma
y desvía el afluente de los días.
Aquí yo, expectante,
apenas balbuceas mi nombre y todo reinicia
desde un comienzo de nada.
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