Anna Politkóvskaya
Poeta fiel al portal
Ya estoy dentro, como cada noche,
devorando de vuelta el camino oscuro.
De compañeros de viaje, como indeseables
sanguijuelas que se adhieren a mi pecho,
las horas sucias de las trampas,
las ganas de matar, y la piedra polvorienta
de falsa luz -¿a cuántos poetas
habrá engañado con su petulante silencio?-
arrastrando su halo lechoso
y deshilachado entre las cosas del cielo.
Regreso al único lugar, a través
de una selva de sombras, donde los besos,
la voz cálida o un libro me devuelven
el rostro olvidado en el espejo,
la palabra saqueada y el resquicio
donde el aire aún posee su dignidad.
devorando de vuelta el camino oscuro.
De compañeros de viaje, como indeseables
sanguijuelas que se adhieren a mi pecho,
las horas sucias de las trampas,
las ganas de matar, y la piedra polvorienta
de falsa luz -¿a cuántos poetas
habrá engañado con su petulante silencio?-
arrastrando su halo lechoso
y deshilachado entre las cosas del cielo.
Regreso al único lugar, a través
de una selva de sombras, donde los besos,
la voz cálida o un libro me devuelven
el rostro olvidado en el espejo,
la palabra saqueada y el resquicio
donde el aire aún posee su dignidad.
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