Cómo decirle al viento,
Molino de mis noches,
Que no ignore lo que siento,
Que te vi en la noche sin estrellas,
Una melodía me trajo a tus besos,
Una copa desnudó mis pensamientos…
La lluvia fina incesante me llevaba,
A tantas miradas que tus manos embriagadas
Fueron descubriendo y amando la existencia
Y en cada intento más alto llegabas,
Tu mirada de silencio se fue detrás de aquella tarde,
Nuestros labios incansables aun se acariciaban,
Fueron muchos momentos, muchas miradas,
Mucho pulso de emociones encontradas,
Y tus ojos lindos me miraban extasiados,
Cuando al ritmo de tu voz de guitarra
Me abrazabas y bailabas,
Discretos y orgullosos saludábamos la tarde
Dueño del viento y cantor de tonadas
Hiciste verbo tantos besos,
Me hiciste vivir el sueño de toda mujer enamorada
Pude ver en tus ojos la pasión,
y de nubes la lluvia que en mi desbordabas,
Tantas caricias nos dimos en el duelo de una despedida,
Nos abrazábamos tan fuerte para que no escapara,
Pasaron muchas lunas, muchas madrugadas,
quedó en mi piel la tortura de una ausencia,
del amor que consumó su historia
y el regreso al cielo en el que volaba.
Molino de mis noches,
Que no ignore lo que siento,
Que te vi en la noche sin estrellas,
Una melodía me trajo a tus besos,
Una copa desnudó mis pensamientos…
La lluvia fina incesante me llevaba,
A tantas miradas que tus manos embriagadas
Fueron descubriendo y amando la existencia
Y en cada intento más alto llegabas,
Tu mirada de silencio se fue detrás de aquella tarde,
Nuestros labios incansables aun se acariciaban,
Fueron muchos momentos, muchas miradas,
Mucho pulso de emociones encontradas,
Y tus ojos lindos me miraban extasiados,
Cuando al ritmo de tu voz de guitarra
Me abrazabas y bailabas,
Discretos y orgullosos saludábamos la tarde
Dueño del viento y cantor de tonadas
Hiciste verbo tantos besos,
Me hiciste vivir el sueño de toda mujer enamorada
Pude ver en tus ojos la pasión,
y de nubes la lluvia que en mi desbordabas,
Tantas caricias nos dimos en el duelo de una despedida,
Nos abrazábamos tan fuerte para que no escapara,
Pasaron muchas lunas, muchas madrugadas,
quedó en mi piel la tortura de una ausencia,
del amor que consumó su historia
y el regreso al cielo en el que volaba.
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