Almudena
Poeta que considera el portal su segunda casa
Vienen y se retraen,
gotas púrpura resbalando por su tórax
en la inercia de un latido;
pupilas medulares en su abierta ansiedad.
Declina la extenuación, encandilan las luciérnagas...
Quizás la brisa burlona acaricio su rostro adormecido
creando espejismos tras los cristales.
Pájaros volaron sobre el horizonte hasta la cúspide
del sueño, sutil inocencia claudicando dulcemente.
Sin reflejar su perfil en el azul de un abandono
intangible.
Y se mimetizó como clímax eterno
al entregar sus dedos acariciando el cielo;
amando en carne viva la preciosa nada,
con sus labios prendidos en el blanco ébano
de la seda de una espalda.
gotas púrpura resbalando por su tórax
en la inercia de un latido;
pupilas medulares en su abierta ansiedad.
Declina la extenuación, encandilan las luciérnagas...
Quizás la brisa burlona acaricio su rostro adormecido
creando espejismos tras los cristales.
Pájaros volaron sobre el horizonte hasta la cúspide
del sueño, sutil inocencia claudicando dulcemente.
Sin reflejar su perfil en el azul de un abandono
intangible.
Y se mimetizó como clímax eterno
al entregar sus dedos acariciando el cielo;
amando en carne viva la preciosa nada,
con sus labios prendidos en el blanco ébano
de la seda de una espalda.
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