
Como esclavos del tiempo, peregrinos errantes,
penitentes del mundo que constante miramos
esa esférica esposa con agujas andantes,
que asemeja un tatuaje que en la mano llevamos.
Y vivimos pendientes de minutos y de horas
quizá sin darnos cuenta, el reloj el tiempo marca
y se van los ocasos y se marchan auroras
y también los amigos se los lleva la parca.
Un tictac muy latoso se oye con insistencia
es la voz que no calla con cadencia infinita,
y al fin suena la alarma de esta corta existencia
señalando ya la hora de siniestra visita.
Somos como emigrantes que van por el camino
que marcó nuestro tiempo…tan fugaz, tan mezquino.
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