Évano
Libre, sin dioses.
¡Cómo negar el viento de la tarde,
su descanso, su de vez en cuando!
¿Soy yo entre la hierba la hormiga que deambula?
¿Cabalgar el ulular del aire
y volar desiertos, ciudades y montañas?
¿Qué busco en mí que no haya visto ya?
La piedra y la casa y la luz y el río
¿qué me dirán, qué dijeron antaño, que guardarán?
Clavar la mano en la tierra arada,
y empuñarla, me recuerda que seré un muerto
sin sol, ni luz, ni aire, ni espacio.
Silencio. Seré silencio.
¿Qué dejar si no huesos y carne y un tiempo?
Una puerta, sí, una puerta quisiera ser,
sin cerradura, una puerta de aire
cálido, entrañable, sin tiempo, infinito.
Que la vida y todos entraran en mí.
Donde el baile y la luz de la leña,
y ese aroma de la vida de lo ancestro,
arribara a las paredes en cascadas de alegría.
¿Evolucionar... hacia dónde?
¿Competir... con quién?, si somos lo mismo.
¿Escalar... qué?: ¿el dinero, el poder?
En esta tierra no hay más, no, no hay más
que lo que vemos, que lo que está;
lo demás es otro mundo, tanto como cabezas,
cada una en una, en su dimensión.
¿Compartir y dividir el mundo —como Dios y Satán—
o luchar en el laberinto real de la vida,
o divagar el sueño anexo a lo irreal?
su descanso, su de vez en cuando!
¿Soy yo entre la hierba la hormiga que deambula?
¿Cabalgar el ulular del aire
y volar desiertos, ciudades y montañas?
¿Qué busco en mí que no haya visto ya?
La piedra y la casa y la luz y el río
¿qué me dirán, qué dijeron antaño, que guardarán?
Clavar la mano en la tierra arada,
y empuñarla, me recuerda que seré un muerto
sin sol, ni luz, ni aire, ni espacio.
Silencio. Seré silencio.
¿Qué dejar si no huesos y carne y un tiempo?
Una puerta, sí, una puerta quisiera ser,
sin cerradura, una puerta de aire
cálido, entrañable, sin tiempo, infinito.
Que la vida y todos entraran en mí.
Donde el baile y la luz de la leña,
y ese aroma de la vida de lo ancestro,
arribara a las paredes en cascadas de alegría.
¿Evolucionar... hacia dónde?
¿Competir... con quién?, si somos lo mismo.
¿Escalar... qué?: ¿el dinero, el poder?
En esta tierra no hay más, no, no hay más
que lo que vemos, que lo que está;
lo demás es otro mundo, tanto como cabezas,
cada una en una, en su dimensión.
¿Compartir y dividir el mundo —como Dios y Satán—
o luchar en el laberinto real de la vida,
o divagar el sueño anexo a lo irreal?
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