Arturo Ciorán
Poeta recién llegado
Era un baño mixto
en una fiesta alternativa.
Entraba a mear a cada rato
y me cruzaba con mujeres.
Una se metió de prepo
y yo me asusté
y quise salir del baño
y no podía quitar el pestillo
y ella vino de atrás
y se encargó de retirarlo
mientras afirmaba una mano
en mi cintura.
Dos veces entró una pareja de hombres
y cerraban desde adentro
y varios debían esperar,
y en mi imaginación se besaban
o se daban felaciones,
y en la última salieron enseguida
porque una chica les golpeteó la puerta
con ahínco.
Bailé techno, me emborraché
y al final me la pasé encorvado
delante del inodoro,
y no sé cuánto tiempo transcurrió.
Una muchacha estaba temerosa en el umbral;
tal vez me imaginó como un potencial violador,
y no la culpo porque el hombre, la noche
y el alcohol se apiñan para formar un cóctel nocivo, antisocial,
el terror de los padres
y de las niñas
y yo mismo me asustaría si viera a mi hija
en un lugar así
y frente a un sujeto así.
Y me fue a buscar una integrante de mi grupo —la conocí en esa misma reunión clandestina—
y me trató con conmiseración,
como si fuera una madre,
y me avergoncé;
durante la madrugada, en el corro, nuestros ojos se encontraban
y yo apartaba la mirada
y horas después estaba a mi lado
y recostaba su cabeza en mi brazo
cuando se reía,
pero yo me petrificaba
y pensaba cómo dar besos de una noche
si fantaseo con relaciones a largo plazo,
pero ya era tarde, porque me deshacía en arcadas delante de ella
y ahora está embarazada de alguien más
y yo aún desperdicio la noche.
en una fiesta alternativa.
Entraba a mear a cada rato
y me cruzaba con mujeres.
Una se metió de prepo
y yo me asusté
y quise salir del baño
y no podía quitar el pestillo
y ella vino de atrás
y se encargó de retirarlo
mientras afirmaba una mano
en mi cintura.
Dos veces entró una pareja de hombres
y cerraban desde adentro
y varios debían esperar,
y en mi imaginación se besaban
o se daban felaciones,
y en la última salieron enseguida
porque una chica les golpeteó la puerta
con ahínco.
Bailé techno, me emborraché
y al final me la pasé encorvado
delante del inodoro,
y no sé cuánto tiempo transcurrió.
Una muchacha estaba temerosa en el umbral;
tal vez me imaginó como un potencial violador,
y no la culpo porque el hombre, la noche
y el alcohol se apiñan para formar un cóctel nocivo, antisocial,
el terror de los padres
y de las niñas
y yo mismo me asustaría si viera a mi hija
en un lugar así
y frente a un sujeto así.
Y me fue a buscar una integrante de mi grupo —la conocí en esa misma reunión clandestina—
y me trató con conmiseración,
como si fuera una madre,
y me avergoncé;
durante la madrugada, en el corro, nuestros ojos se encontraban
y yo apartaba la mirada
y horas después estaba a mi lado
y recostaba su cabeza en mi brazo
cuando se reía,
pero yo me petrificaba
y pensaba cómo dar besos de una noche
si fantaseo con relaciones a largo plazo,
pero ya era tarde, porque me deshacía en arcadas delante de ella
y ahora está embarazada de alguien más
y yo aún desperdicio la noche.
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