Etéreo
Poeta recién llegado
La besé, como buscándole la mirada; en el último intento, que permitió ese beso.
La besé, hasta que sentí el frío hielo—como una especie de viento intrépido que seca fuegos interminables del cuerpo, esos fuegos con deseos eternos que sentía mientras ella escupía mis besos, como poesía profunda en un triste lienzo.
La besé, mientras corría un miedo aterrador en mis labios primero; inevitablemente, precisamente ese miedo se transformó en un lento momento. Que odie y lo hice perpetuo...
Ahora mis besos, descansan con ese sabor asqueroso y aterrador de muecas salvajes. Ahora son tristes besos muertos—yacen enterrados y secos en el cementerio de los recuerdos. Esperando otros labios de hielo, que seguramente se repetirán en otros besos fríos y eternos.