horacio caraballo
Poeta recién llegado
Verdes tus ojos, niña,
como el agua mansa de altamar.
Verdes, como la pradera quieta.
Como la esperanza que quiero alcanzar.
Rojos tus labios, niña,
como el capullo de rosa que vuelve a nacer.
Rojos, como el rojo sangre,
que mis venas tibias dejan correr.
Negros tus cabellos, niña,
como el manto oscuro de una noche sin fin.
Negros, como cielo sin estrellas,
que a pesar de todo fulgura en el confín.
Blancas tus manos, niña,
como las palabras de mi corazón.
Blancas, como las gráciles gaviotas,
que me traen tu dulzura y comprensión.
Dorada tu vida, niña,
como el sol lejano y su eterna luz.
Dorada, como mis ilusiones,
de que en mis sueños te encuentres tú.
como el agua mansa de altamar.
Verdes, como la pradera quieta.
Como la esperanza que quiero alcanzar.
Rojos tus labios, niña,
como el capullo de rosa que vuelve a nacer.
Rojos, como el rojo sangre,
que mis venas tibias dejan correr.
Negros tus cabellos, niña,
como el manto oscuro de una noche sin fin.
Negros, como cielo sin estrellas,
que a pesar de todo fulgura en el confín.
Blancas tus manos, niña,
como las palabras de mi corazón.
Blancas, como las gráciles gaviotas,
que me traen tu dulzura y comprensión.
Dorada tu vida, niña,
como el sol lejano y su eterna luz.
Dorada, como mis ilusiones,
de que en mis sueños te encuentres tú.