Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
Las agujas del reloj tejen su tiempo como arañas, como las avispas en colmena, como mariposas que no saben cuándo ni a dónde retornar.
Tu palabra es como el viento, pasa ligera; cálida, tibia o caliente, sin dar más; como aquella que se descuelga desde el púlpito; amorosa, cariñosa, de trueno y aguacero, de pecado y culpa, de lluvia o ducha resbalando por las curvas de tu cuerpo en mi memoria. Palabra tuya que me moja y que me recuerda aquellos fuegos de artificio, sonoros, bellos: fatuos.
El reloj ahora marca la hora en la que la luna se atreve y reta al cielo, al sol, a los sueños y le vale madres lo que digan y se pone su ropa de gala, ese que los poetas no conocen, no distinguen, no le prestan ganas porque no hay noche que los duerma.
La noche despierta a los fantasmas, pero tú a media tarde despiertas mis ganas de abrazarte, de meterte en la cama cual si fuera la pira de los sacrificios y partirte en dos hasta encontrar tu corazón y el punto exacto de tus gustos.
Las agujas del reloj tejen su tela de araña como trampa entre tus labios que no dicen nada, atrapan tu palabra a la que sigo ciego, a los rincones de tu alma.
Due 13 marzo 2014 en una tarde en la que me atreví ha hablarle...
Tu palabra es como el viento, pasa ligera; cálida, tibia o caliente, sin dar más; como aquella que se descuelga desde el púlpito; amorosa, cariñosa, de trueno y aguacero, de pecado y culpa, de lluvia o ducha resbalando por las curvas de tu cuerpo en mi memoria. Palabra tuya que me moja y que me recuerda aquellos fuegos de artificio, sonoros, bellos: fatuos.
El reloj ahora marca la hora en la que la luna se atreve y reta al cielo, al sol, a los sueños y le vale madres lo que digan y se pone su ropa de gala, ese que los poetas no conocen, no distinguen, no le prestan ganas porque no hay noche que los duerma.
La noche despierta a los fantasmas, pero tú a media tarde despiertas mis ganas de abrazarte, de meterte en la cama cual si fuera la pira de los sacrificios y partirte en dos hasta encontrar tu corazón y el punto exacto de tus gustos.
Las agujas del reloj tejen su tela de araña como trampa entre tus labios que no dicen nada, atrapan tu palabra a la que sigo ciego, a los rincones de tu alma.
Due 13 marzo 2014 en una tarde en la que me atreví ha hablarle...
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