Troto
Pablo Romero Parada
Tambalearse borracho y solo,
a las tres de la mañana,
tal vez no le siente bien a tu salud;
pero te encuentras al Alfredo,
o como demonios se llamase,
y te suelta ese rollito de persona ebria
que, como de costumbre,
todavía no se ha muerto
ahogado entre sus vómitos.
Mientras siga balbuceando
sobre lo que supongo
será la explicación de porqué,
alguien,
le ha dejado el dinero,
con el que se compra,
cada noche,
en el veinticuatro horas de la esquina,
su cartoncito de vino de marca blanca,
miras la luna.
Te imaginas a todos esos imbéciles, en sus cuartos,
exagerando el hecho de que no pueden dormir,
mirándola y pensando en lo vacías
que se encuentran sus putas almas,
escribiendo así el poema hacia la luna que tanta gente ha escrito ya...
Te los imaginas llorando
o aprovechando ese poema
para hablar de la fulana del trabajo,
por la que les encataría correrse,
con ella delante para variar.
Se tiran desesperados en la cama,
borrachos, solos,
como si fuesen los más desgraciados de este mundo.
Luna, me das pena,
teniendo que aguantar a todos esos mariquitas.
Pero todavía me das más pena,
por ser el jodido montón de piedras
más personalizado de la historia.
a las tres de la mañana,
tal vez no le siente bien a tu salud;
pero te encuentras al Alfredo,
o como demonios se llamase,
y te suelta ese rollito de persona ebria
que, como de costumbre,
todavía no se ha muerto
ahogado entre sus vómitos.
Mientras siga balbuceando
sobre lo que supongo
será la explicación de porqué,
alguien,
le ha dejado el dinero,
con el que se compra,
cada noche,
en el veinticuatro horas de la esquina,
su cartoncito de vino de marca blanca,
miras la luna.
Te imaginas a todos esos imbéciles, en sus cuartos,
exagerando el hecho de que no pueden dormir,
mirándola y pensando en lo vacías
que se encuentran sus putas almas,
escribiendo así el poema hacia la luna que tanta gente ha escrito ya...
Te los imaginas llorando
o aprovechando ese poema
para hablar de la fulana del trabajo,
por la que les encataría correrse,
con ella delante para variar.
Se tiran desesperados en la cama,
borrachos, solos,
como si fuesen los más desgraciados de este mundo.
Luna, me das pena,
teniendo que aguantar a todos esos mariquitas.
Pero todavía me das más pena,
por ser el jodido montón de piedras
más personalizado de la historia.
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