Las espinas de la rosa
pincharon mi mano.
La blusa blanca
recibió dos gotas rojas.
Cual piedras preciosas
encima del pecho.
Se deshicieron
mis sentimientos de enfado,
al verte llegar por el camino
entre sol y sombra.
Muchas veces
mis rencores se diluyen
entre las plantas,
con el afecto.
Creo que su sabía
de alguna manera,
llega a mí
junto a su pena.
Ayer, cuando podamos el árbol,
lo curé,
y me abracé a él.
Su corazón latía asustado,
y ni pena por el brotó.
Estuvimos así mucho rato,
hasta que esa sensación
se volvió un abrazo agradable.
pincharon mi mano.
La blusa blanca
recibió dos gotas rojas.
Cual piedras preciosas
encima del pecho.
Se deshicieron
mis sentimientos de enfado,
al verte llegar por el camino
entre sol y sombra.
Muchas veces
mis rencores se diluyen
entre las plantas,
con el afecto.
Creo que su sabía
de alguna manera,
llega a mí
junto a su pena.
Ayer, cuando podamos el árbol,
lo curé,
y me abracé a él.
Su corazón latía asustado,
y ni pena por el brotó.
Estuvimos así mucho rato,
hasta que esa sensación
se volvió un abrazo agradable.