Gabriel C.
Poeta recién llegado
Ayer como tantas veces busqué mi teléfono y como otras tantas esperé que me hablaras... en vano, en silencio en decadencia.
No fueron más que fulgurantes luces las que por un instante iluminaron mi vida, llenando de sombras y fantasmas la cerrada noche del olvido. Te vi como nunca te había visto. Callé mis sentimientos a la vez que desnudé mi alma. Te volví a ver con otros ojos, con esos ojos húmedos hilados con oro carmesí.
Mi vida se desplomaba al tiempo que tus palabras sostenían mi degradado espíritu y no hubo mejor día que aquel día que aún hoy dudo si realmente existió.
Atrapado en el purgatorio no fui ni feliz ni todo lo contrario... fui preso de la rutina y del dolor, y los barrotes no fueron de hierro sino sangre de mi sangre. No hay peor encierro que la libertad en soledad, y no hay peor castigo que sentir la impotencia de no poder ayudar a tu vástago herido.Te vi y te volví a ver. Me preguntaste y te pregunté. Nunca entendí por què ni para qué... sólo se que me terminé de confundir. Creí que lo imposible era inmediatamente factible y que el futuro no era más que un bosquejo por terminar.y
Soñe y caí en la triste y fatídica realidad del despertar.
Ayer como tantas veces busqué mi teléfono y como otras tantas esperé que me hablaras... en vano en silencio, en decadencia... y ya no sentí más que el batir de alas de un ángel, que acarició levemente mi cabeza y me mostró el bosquejo ya terminado: un hombre sólo y a la vez acompañado por una muchedumbre, una cabellera cayendo sobre tu mejilla y un amor que expiró, como un soplido.
No fueron más que fulgurantes luces las que por un instante iluminaron mi vida, llenando de sombras y fantasmas la cerrada noche del olvido. Te vi como nunca te había visto. Callé mis sentimientos a la vez que desnudé mi alma. Te volví a ver con otros ojos, con esos ojos húmedos hilados con oro carmesí.
Mi vida se desplomaba al tiempo que tus palabras sostenían mi degradado espíritu y no hubo mejor día que aquel día que aún hoy dudo si realmente existió.
Atrapado en el purgatorio no fui ni feliz ni todo lo contrario... fui preso de la rutina y del dolor, y los barrotes no fueron de hierro sino sangre de mi sangre. No hay peor encierro que la libertad en soledad, y no hay peor castigo que sentir la impotencia de no poder ayudar a tu vástago herido.Te vi y te volví a ver. Me preguntaste y te pregunté. Nunca entendí por què ni para qué... sólo se que me terminé de confundir. Creí que lo imposible era inmediatamente factible y que el futuro no era más que un bosquejo por terminar.y
Soñe y caí en la triste y fatídica realidad del despertar.
Ayer como tantas veces busqué mi teléfono y como otras tantas esperé que me hablaras... en vano en silencio, en decadencia... y ya no sentí más que el batir de alas de un ángel, que acarició levemente mi cabeza y me mostró el bosquejo ya terminado: un hombre sólo y a la vez acompañado por una muchedumbre, una cabellera cayendo sobre tu mejilla y un amor que expiró, como un soplido.