COMO VERBO RENACIDO
Y tu alma se hizo carne
y habitó en mi deseo,
poblando mis noches huérfanas,
entibiando mis madrugadas
de carámbano.
Pero tu alma, refugio de la mía,
es ahora como yo, víscera y carcoma,
y juntos nos deshacemos en coágulos
vaciando nuestra sangre sin latido,
como labios que están buscando una forma.
Deshaciéndonos como tiempo que no es,
polvo dorado y pertinaz, cayendo tú
grano a grano, en suplicio intermitente
de mis desahuciadas noches. Oh ángel caído,
oh cruel poseedora de mi espíritu.
Volvamos al jardín de las delicias
como bellos monstruos, ya dioses del ocaso;
nos darán otra vez la bienvenida
y serán guirnaldas de amarantos
las que adornen las copas del beleño.
Después ya no habrá frías madrugadas
y en mis noches tu presencia será rito,
oh ídolo abjurado de un antiguo panteón.
Y tu alma se hizo carne
y habitó en mi deseo,
poblando mis noches huérfanas,
entibiando mis madrugadas
de carámbano.
Pero tu alma, refugio de la mía,
es ahora como yo, víscera y carcoma,
y juntos nos deshacemos en coágulos
vaciando nuestra sangre sin latido,
como labios que están buscando una forma.
Deshaciéndonos como tiempo que no es,
polvo dorado y pertinaz, cayendo tú
grano a grano, en suplicio intermitente
de mis desahuciadas noches. Oh ángel caído,
oh cruel poseedora de mi espíritu.
Volvamos al jardín de las delicias
como bellos monstruos, ya dioses del ocaso;
nos darán otra vez la bienvenida
y serán guirnaldas de amarantos
las que adornen las copas del beleño.
Después ya no habrá frías madrugadas
y en mis noches tu presencia será rito,
oh ídolo abjurado de un antiguo panteón.